demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Señoritas de velos sepulcrales
Mientras el hada umbría en confines vuela,
se hace pálida y languidece, la luz de la vela,
y esta bruma en la mar ha de ser un presagio,
de que ya no hay sendero, sino solo naufragio,
aves rapaces elevan un canto como conjuro,
y los colores son reducidos a un abismo oscuro.
En los jardines olvidados por el tiempo y el espacio,
junto al correr de una nube, el hada viaja despacio,
y esta noche prepotente ha de ser una señal,
que anuncia que el sendero, como inicio tiene final,
las manecillas de un reloj, se mueven con inquietud,
marcar las horas de angustia ha sido su mejor virtud.
Y languidece, fallece, ¡la llama de la vela está extinta!
mira la noche errante, sin luz solo de sombras se pinta,
inmóvil, estoy inerte, mas mis ojos son como dos umbrales,
que miran como me llevan las señoritas de velos sepulcrales,
y ¿qué es ahora lo que mi mirada en tinieblas vislumbra?,
el hada me eleva alto, muy alto, por el valle de la penumbra.
Entonces, los susurros más dulces suenan como aullidos,
al ver que esos susurros, son de difuntos seres queridos,
¡Perisas, calmen su vuelo, déjenme acá, es esta mi morada!,
y con la más espantosa risa que exista, sonríe el hada,
ella dice: tus seres queridos, reposan, en descanso eterno,
están en el cielo, pero tu viaje sigue, pues te llevaremos al infierno
Mientras el hada umbría en confines vuela,
se hace pálida y languidece, la luz de la vela,
y esta bruma en la mar ha de ser un presagio,
de que ya no hay sendero, sino solo naufragio,
aves rapaces elevan un canto como conjuro,
y los colores son reducidos a un abismo oscuro.
En los jardines olvidados por el tiempo y el espacio,
junto al correr de una nube, el hada viaja despacio,
y esta noche prepotente ha de ser una señal,
que anuncia que el sendero, como inicio tiene final,
las manecillas de un reloj, se mueven con inquietud,
marcar las horas de angustia ha sido su mejor virtud.
Y languidece, fallece, ¡la llama de la vela está extinta!
mira la noche errante, sin luz solo de sombras se pinta,
inmóvil, estoy inerte, mas mis ojos son como dos umbrales,
que miran como me llevan las señoritas de velos sepulcrales,
y ¿qué es ahora lo que mi mirada en tinieblas vislumbra?,
el hada me eleva alto, muy alto, por el valle de la penumbra.
Entonces, los susurros más dulces suenan como aullidos,
al ver que esos susurros, son de difuntos seres queridos,
¡Perisas, calmen su vuelo, déjenme acá, es esta mi morada!,
y con la más espantosa risa que exista, sonríe el hada,
ella dice: tus seres queridos, reposan, en descanso eterno,
están en el cielo, pero tu viaje sigue, pues te llevaremos al infierno