martamarques
Poeta adicto al portal
Senos de alabastro
Sus ojos eran luceros
negro carbón encendían,
porque atizados crujían,
encendidos en braseros.
Bajo lucientes calderos
también reflejaban cielo,
y en su fulgor el desvelo
de la diamantina estrella,
en aura tan pura y bella
que sonrojaba de celo.
Eran senos de alabastro,
en madreperla rosada
con la piel tan delicada,
inalcanzables cual astro.
Encerrados en su claustro
incipientes tan erguidos,
en clausura sometidos
hacen mi vida doliente,
porque soy un penitente
de esos dos viles bandidos.
¡Ay amor tan mal querido!
Donde irás cuando te encuentre,
pecaminoso es el vientre,
tan árido y sin sentido.
Al promover el olvido
por eso lloro inclemente,
al desear yo en mi mente
conseguir esa quimera,
si tan solo concediera
un amor muy diferente.
Marta Marques
Sus ojos eran luceros
negro carbón encendían,
porque atizados crujían,
encendidos en braseros.
Bajo lucientes calderos
también reflejaban cielo,
y en su fulgor el desvelo
de la diamantina estrella,
en aura tan pura y bella
que sonrojaba de celo.
Eran senos de alabastro,
en madreperla rosada
con la piel tan delicada,
inalcanzables cual astro.
Encerrados en su claustro
incipientes tan erguidos,
en clausura sometidos
hacen mi vida doliente,
porque soy un penitente
de esos dos viles bandidos.
¡Ay amor tan mal querido!
Donde irás cuando te encuentre,
pecaminoso es el vientre,
tan árido y sin sentido.
Al promover el olvido
por eso lloro inclemente,
al desear yo en mi mente
conseguir esa quimera,
si tan solo concediera
un amor muy diferente.
Marta Marques
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