ADRIAN ARANDA
Poeta recién llegado
Sosteniendo esa copa vacía,
solo rocas frías, casi descongeladas,
yacen en su fondo, y una mano
las sigue moviendo...
Choques de hielo y cristal,
remolino dominante de ideas,
un pensar profundo de desilusión,
una luz tenue de melancolía.
La ira muerde un cubo frío,
y duerme el delirio perturbante
en seda, tabaco y tango.
Malahuero impune de muecas,
¡qué dolor lleva el alcohol en sus venas!
En el trasfondo, un viejo revólver.
Sería fácil terminar este poema:
no es pérdida el final que esperas,
sino el momento de pensar
en volver a empezar
sin ella.
solo rocas frías, casi descongeladas,
yacen en su fondo, y una mano
las sigue moviendo...
Choques de hielo y cristal,
remolino dominante de ideas,
un pensar profundo de desilusión,
una luz tenue de melancolía.
La ira muerde un cubo frío,
y duerme el delirio perturbante
en seda, tabaco y tango.
Malahuero impune de muecas,
¡qué dolor lleva el alcohol en sus venas!
En el trasfondo, un viejo revólver.
Sería fácil terminar este poema:
no es pérdida el final que esperas,
sino el momento de pensar
en volver a empezar
sin ella.