Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Miré la soledad de aquél lugar, casi desierto,
las nubes grises a punto de llorar
el aire como un oasis imaginario en el concreto,
mis fuerzas mudas a punto de mudar de cuerpo.
Alguien que se apiade de los sueños que se rompen,
algún psiquiatra o doctor de esos que tienen sus nombres
en un cuadro guindando de la pared,
limpiando con alcohol en gel
las marcas del paso del tiempo.
Siempre fui puntual, diez minutos de adelanto en el reloj
y ¡qué curioso! hoy he sido yo
el último en llegar a mi propio entierro.
De maquillaje he pasado de largo, labios morados
y un párpado negro a punto de caer,
entre los restos de madera no queda de pie
ni el rastro de sudor del sepulturero.
Cargamos lo que teníamos de crédito en la vida,
besos u odios, saludos de llegada o despedida,
risas, carcajadas, tristezas y melodías...
y el puto del dinero se nos fue a volar.
Ha faltado poco, casi media hora para que fuera yo
el que tuviera que tomar la pala y ponerme a cavar,
pero por consideración al tiempo
ha cogido campo el sepulturero triste de este lugar.
No queda tiempo para la despedida, ni amén para una oración,
no nos hagamos los tontos, tú ya sabías...
que a mi entierro sólo iba a ir yo,
que no tenía opción para elegir
y que de cualquiera manera, hubiera firmado el sí.
las nubes grises a punto de llorar
el aire como un oasis imaginario en el concreto,
mis fuerzas mudas a punto de mudar de cuerpo.
Alguien que se apiade de los sueños que se rompen,
algún psiquiatra o doctor de esos que tienen sus nombres
en un cuadro guindando de la pared,
limpiando con alcohol en gel
las marcas del paso del tiempo.
Siempre fui puntual, diez minutos de adelanto en el reloj
y ¡qué curioso! hoy he sido yo
el último en llegar a mi propio entierro.
De maquillaje he pasado de largo, labios morados
y un párpado negro a punto de caer,
entre los restos de madera no queda de pie
ni el rastro de sudor del sepulturero.
Cargamos lo que teníamos de crédito en la vida,
besos u odios, saludos de llegada o despedida,
risas, carcajadas, tristezas y melodías...
y el puto del dinero se nos fue a volar.
Ha faltado poco, casi media hora para que fuera yo
el que tuviera que tomar la pala y ponerme a cavar,
pero por consideración al tiempo
ha cogido campo el sepulturero triste de este lugar.
No queda tiempo para la despedida, ni amén para una oración,
no nos hagamos los tontos, tú ya sabías...
que a mi entierro sólo iba a ir yo,
que no tenía opción para elegir
y que de cualquiera manera, hubiera firmado el sí.