José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
El próximo 25 de octubre hará 80 años que Alfonsina Storni
decidió pasear por la playa y no volvió.
Con todo mi cariño.
Estoy aquí, contigo,
como un marplatense más,
en tu playa, la playa de la Perla,
al lado de una piedra de granito
que dicen, está en tu honor,
en homenaje a la gran Alfonsina
vestida de mar. Qué desazón me
provoca verte convertida en “sal”.
Prisionera junto al viento que te
agita los cabellos congelados en
el tiempo y ese pareo de seda que
te transparenta el alma, desnuda,
distraída, pareciera que tus manos
se agarraran a la roca, presa por
el temor a volar y dejar de una vez
este mundo que tanto te hizo luchar
y tanto te quitó. Nos dejaste tanto
al marchar y tan huérfanos. Versos
por aquí, por allá. Poemas acabados
y otros por empezar.
Estoy aquí, a tu lado, cogiéndote
la mano, y te siento fría, como la
piedra donde habitas, como el agua
del mar que agita sus olas y te quitó
el respirar. Estoy aquí, pero no donde
habitas. Tú no habitas en la piedra,
ni siquiera en el mar, ni en la brisa,
ni mucho menos en ese balneario que
lleva tu nombre “Alfonsina”. Tu recuerdo.
Tú, habitas en nosotros, en los que
te amamos, en los que sentimos tu alma
en cada poesía. Se nos agita el pecho,
se acelera el corazón y la respiración
se entrecorta, dejando resbalar una lágrima,
o dos, o tres, un torrente de agua salada,
que nos vacía la pena y nunca nos sana.
No te quiero en una piedra.
Te quiero siempre viva.
¡Siempre viva!
Alfonsina.
decidió pasear por la playa y no volvió.
Con todo mi cariño.
¡SIEMPRE VIVA! Alfonsina.
Estoy aquí, contigo,
como un marplatense más,
en tu playa, la playa de la Perla,
al lado de una piedra de granito
que dicen, está en tu honor,
en homenaje a la gran Alfonsina
vestida de mar. Qué desazón me
provoca verte convertida en “sal”.
Prisionera junto al viento que te
agita los cabellos congelados en
el tiempo y ese pareo de seda que
te transparenta el alma, desnuda,
distraída, pareciera que tus manos
se agarraran a la roca, presa por
el temor a volar y dejar de una vez
este mundo que tanto te hizo luchar
y tanto te quitó. Nos dejaste tanto
al marchar y tan huérfanos. Versos
por aquí, por allá. Poemas acabados
y otros por empezar.
Estoy aquí, a tu lado, cogiéndote
la mano, y te siento fría, como la
piedra donde habitas, como el agua
del mar que agita sus olas y te quitó
el respirar. Estoy aquí, pero no donde
habitas. Tú no habitas en la piedra,
ni siquiera en el mar, ni en la brisa,
ni mucho menos en ese balneario que
lleva tu nombre “Alfonsina”. Tu recuerdo.
Tú, habitas en nosotros, en los que
te amamos, en los que sentimos tu alma
en cada poesía. Se nos agita el pecho,
se acelera el corazón y la respiración
se entrecorta, dejando resbalar una lágrima,
o dos, o tres, un torrente de agua salada,
que nos vacía la pena y nunca nos sana.
No te quiero en una piedra.
Te quiero siempre viva.
¡Siempre viva!
Alfonsina.
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