Silencio quebrado.
En la longitud nocturna
se quiebran los muros del silencio
al arrastrar los grilletes de la memoria.
El rechinante ruido martillaba
sus sienes disociando la realidad.
Tras las corneas se desgarran las brumas etílicas
y aparecen viejos rostros suplicantes
con un torbellino de desesperanza.
Una risa atronadora huye de su boca
acallando el chirrido de cadenas
y el caos paralizado queda flotando en el aire
hasta lentamente esfumarse.
Sus ojos comienzan a anegarse
y sus compuertas vencidas
dan paso a un manantial que sana.