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Silencio

Sandia

~ G i a ~
Por la tarde,
algún árbol queriendo ser pájaro,
alguna solitaria banqueta gritando compañía,
o la nostalgia de algún libro
durmiendo en el morral

y es que a veces,
la violencia del silencio
hecha raíces en la tráquea,
así, no queda más que mirar,
repasar con la punta de los dedos
las tildes en cada palabra,
como si la nostalgia
fuera a entumecerte de olvido,
como si tu voz
fuera hecha de arena

por la noche quizás,
escribir un nombre en la orilla del cuaderno,
recordar como te llamaba de niño la abuela,
o rescatar la humedad del tacto
en la nariz de una antigua mascota

porque de noche
la casas tienden a recobrar sus voces:
susurran la memoria de las cosas,

y no es sólo su voz
desde el abismo que es el tiempo,
sino también, la del polvo en las estanterías,
incluso la madrugada
dándose de golpes contra las ventanas
 
Por la tarde,
algún árbol queriendo ser pájaro,
alguna solitaria banqueta gritando compañía,
o la nostalgia de algún libro
durmiendo en el morral

y es que a veces,
la violencia del silencio
hecha raíces en la tráquea,
así, no queda más que mirar,
repasar con la punta de los dedos
las tildes en cada palabra,
como si la nostalgia
fuera a entumecerte de olvido,
como si tu voz
fuera hecha de arena

por la noche quizás,
escribir un nombre en la orilla del cuaderno,
recordar como te llamaba de niño la abuela,
o rescatar la humedad del tacto
en la nariz de una antigua mascota

porque de noche
la casas tienden a recobrar sus voces:
susurran la memoria de las cosas,

y no es sólo su voz
desde el abismo que es el tiempo,
sino también, la del polvo en las estanterías,
incluso la madrugada
dándose de golpes contra las ventanas
Es que sólo en el silencio se oyen esas voces mudas de todo lo que vive en la memoria.
Siempre siempre es bello leerte.
Beso.
 
Por la tarde,
algún árbol queriendo ser pájaro,
alguna solitaria banqueta gritando compañía,
o la nostalgia de algún libro
durmiendo en el morral

y es que a veces,
la violencia del silencio
hecha raíces en la tráquea,
así, no queda más que mirar,
repasar con la punta de los dedos
las tildes en cada palabra,
como si la nostalgia
fuera a entumecerte de olvido,
como si tu voz
fuera hecha de arena

por la noche quizás,
escribir un nombre en la orilla del cuaderno,
recordar como te llamaba de niño la abuela,
o rescatar la humedad del tacto
en la nariz de una antigua mascota

porque de noche
la casas tienden a recobrar sus voces:
susurran la memoria de las cosas,

y no es sólo su voz
desde el abismo que es el tiempo,
sino también, la del polvo en las estanterías,
incluso la madrugada
dándose de golpes contra las ventanas


Pues sí, a veces el silencio resulta violento, aunque otras es reconfortante.
Precioso poema. Más felicitaciones.

Abrazos.
 
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