Entró a su alcoba. Miró su retrato y comprobó que sus ojos no tenían reflejo. Que ya no eran suyos. Estaba sola y hacía frío. Ese inconfundible frío.
Podía percibir cómo su respiración envejecía ante la ausencia de su propio recuerdo. Sus movimientos ralentizados, sus brazos pesados; ni tan siquiera el silencio revelaba su nombre.
Sintió que convivía con extraños que no habían sido invitados. Que la observaban inmóvil, sin compensarle la mirada.
Su respuesta fue pasiva, esperar al infinito. Volver en bucle a la cama. Con el rostro cambiado. Por imperativa afonía.
Y confió su extraña y nueva existencia al amor de aquellos que le confesaban ser “los suyos”. Decidió creerlos y abrazarlos. Al menos una vez al día; todos los días.
Visita mi blog: https://elblogdeoddey.blogspot.com/
Podía percibir cómo su respiración envejecía ante la ausencia de su propio recuerdo. Sus movimientos ralentizados, sus brazos pesados; ni tan siquiera el silencio revelaba su nombre.
Sintió que convivía con extraños que no habían sido invitados. Que la observaban inmóvil, sin compensarle la mirada.
Su respuesta fue pasiva, esperar al infinito. Volver en bucle a la cama. Con el rostro cambiado. Por imperativa afonía.
Y confió su extraña y nueva existencia al amor de aquellos que le confesaban ser “los suyos”. Decidió creerlos y abrazarlos. Al menos una vez al día; todos los días.
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