samuel cramer
Poeta recién llegado
En los largos y arruinados pasillos que me condenarán,
se acoplan las multitudes alegres;
mi mirada sigue en el vacío, pues
todavía permanezco en la realidad
de mi corazón, de los latidos en vano,
que escucho en las profundidades del océano,
como el radar de un oscuro submarino,
que desea coronarse por flores, de muchos colores
de colores que abraza los cultivos,
entre los árboles ancestrales,
que mueren cada día en manos del hombre.
¡Oh, escuchen mis latidos denigrantes!
¡Oh, escuchen mi voz, que sale de los abismos!,
mi voz que se aleja de las civilizaciones.
se acoplan las multitudes alegres;
mi mirada sigue en el vacío, pues
todavía permanezco en la realidad
de mi corazón, de los latidos en vano,
que escucho en las profundidades del océano,
como el radar de un oscuro submarino,
que desea coronarse por flores, de muchos colores
de colores que abraza los cultivos,
entre los árboles ancestrales,
que mueren cada día en manos del hombre.
¡Oh, escuchen mis latidos denigrantes!
¡Oh, escuchen mi voz, que sale de los abismos!,
mi voz que se aleja de las civilizaciones.