Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Qué fácil es alardear en un poema,
con interpretaciones infinitas,
interpelaciones interminables,
mis palabras no juegan en mi contra.
Solamente yo conduzco por la izquierda,
no doy el pego,
pero... me gusta lo que escribo.
Mis escritos simbólicos, enigmáticos,
nunca han sido enfocados correctamente,
abarcados profundamente.
No me como el tarro para convertir mi escritura en diferente,
ni tampoco estoy en peligro de extinción.
Enlazo versos conforme, fidedignos a lo que he aprendido,
no a base de palos, sí de estigmas.
No he sacado mis ideas de ninguna enciclopedia,
y ello me enorgullece.
Se puede decir que soy autodidacta.
Me gustan muchas cosas, y no me gustan otras muchas.
He salido, sí -¡Sí!- ya de mi ombligo.
No construyo laberintos, sino dudas ciertas.
Me explico:
Mi poesía puede ser mancillada,
está completamente expuesta para ello.
No encaja en ningún sitio,
no es poesía de relleno.
No leo trabajos ajenos,
y así me borro del mapa.
En realidad no espero comentarios,
ni busco reconocimientos.
Me conozco,
sé que de Dios no se vive.
Pero la credibilidad de mis palabras
es volátil.
Así pues, se resume el carácter indestructible.
Tan fácil ser como no ser.
Conocerme es imposible.
Nada de ello me importa.
Me centro en mi realidad, no en la suya.
"Solo Dios es capaz de contener todos sus impulsos."