Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
-U-
Tu sombra se hizo fuego,
en el momento que cerraste esa puerta de espacio.
No hubo más suelo bajo tus pies,
caminas suspendida, más bien flotas.
Los libros de la biblioteca se llenan de hojas en blanco
después que los lees.
Ahora ya no hablas,
no te miento, tú, no hablas, ¡Tú Suenas!
Escribir un soneto sobre ti concibe mala ortografía…
Sin mentir, pareciese obra de maligno ente
“dHe f0rm4 EZp0nt4nea ZcRibo haVErrante”.
Pero eso pasa con aquellas personas que por corazón,
tienen un mendrugo seco.
Cuyo más modesto decir:
“Es que merecen, no todo, pero casi”
Y tras expedir de mis oídos un hongo atómico
por terrible explosión nuclear de cólera;
te atreviste a irte volteando a ultimo segundo
solo para lanzarme un beso eléctrico,
una “ratonísima” mirada de satisfacción
y un guiño que hizo al sol hacerse añicos.
Tu sombra se hizo fuego,
en el momento que cerraste esa puerta de espacio.
No hubo más suelo bajo tus pies,
caminas suspendida, más bien flotas.
Los libros de la biblioteca se llenan de hojas en blanco
después que los lees.
Ahora ya no hablas,
no te miento, tú, no hablas, ¡Tú Suenas!
Escribir un soneto sobre ti concibe mala ortografía…
Sin mentir, pareciese obra de maligno ente
“dHe f0rm4 EZp0nt4nea ZcRibo haVErrante”.
Pero eso pasa con aquellas personas que por corazón,
tienen un mendrugo seco.
Cuyo más modesto decir:
“Es que merecen, no todo, pero casi”
Y tras expedir de mis oídos un hongo atómico
por terrible explosión nuclear de cólera;
te atreviste a irte volteando a ultimo segundo
solo para lanzarme un beso eléctrico,
una “ratonísima” mirada de satisfacción
y un guiño que hizo al sol hacerse añicos.