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Sobre la «Política»

Tema en 'Prosa: Sociopolíticos' comenzado por Mauro Alexis, 31 de Mayo de 2019. Respuestas: 0 | Visitas: 72

  1. Mauro Alexis

    Mauro Alexis Poeta recién llegado

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    18 de Junio de 2008
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    A menudo empleamos este término en nuestras conversaciones, muchas veces con significados diferentes de acuerdo al contexto, «tengo la política de...» (refiriéndonos a hábitos particulares productos de decisiones racionalizadas), «es política de esta empresa...» (cuando queremos hacer mención de ciertas normativas, regulaciones o modos del proceder institucional ante diversidad de situaciones), «la política es una mierda...» o «no te metas en política» (en referencia a los entornos sociales [o a uno de ellos] en que diversidad de grupos llevan a cabo prácticas vinculadas con la creación, interpretación y resolución de problemas de la sociedad, a saber: partidos, centros comunitarios, agrupaciones de base, etc.) Aunque, también, en el último de los casos, empleamos el término para hacer mención de un concepto vago, una noción, que no terminamos de entender con mayor exactitud, cual Agustín de Hipona al reflexionar sobre su ignorancia respecto del tiempo; una noción que se acerca mucho a la idea de una élite, prácticamente una clase social que se encuentra en las esferas de poder estatal en una pugna constante por tomar el mando.
    ¿Qué es la política, entonces? Básicamente todo y nada, como el resto de categorías conceptuales de que podemos servirnos para analizar la sociedad. ¿Y qué es la sociedad exactamente? Pues lo mismo. Y es que, ¿dónde comienza el campo político y termina el social, si aquél por derivación participa de este? Lo mismo podríamos preguntarnos si intentáramos deslindar las diferencias entre política y economía, o economía y sanidad o educación. Son a mi criterio, aspectos «virtuales», meramente conceptuales en que está «compartimentalizada» nuestra interpretación de la estructura social en que nos encontramos insertos (cuya correlación es estructurada a los largo de la historia, por grupos sociales, sujeta a corrupción según reproductividad interna o censura [de la institución de que se trate]. En la praxis, todas estas áreas se encuentran enlazadas, conforman parte de una integridad, tal como sucede con la cultura y la biología, ¿dónde comienza el campo de una y termina el de la otra? Está claro, en este caso, que no habría cultura, si no hubiera bases biológicas que proporcionaran sustento a su existencia. Lo mismo sucede con la sociedad y todas sus dimensiones de análisis.
    Pero retornando al planteo original, pensar en política, implica pensar en decisiones, en la voluntad de ser yo, de que sea el otro (o los otros) y de que sea esto (cualquier objeto de que se trate) desde una intersubjetividad (puesto que pretendo yo y pretende un otro, quien conforma parte de la misma sociedad). De nuevo, en términos reduccionistas, pensar en política es pensar en el uso del objeto/sujeto de que se trate, desde lo utilitario, así como en el corolario final de todas las consecuencias esperadas de un actuar u otro. Quitando del medio la temática del poder (la cual no puede ser quitada del medio, lo hago sólo a fines de este ensayo), una de las dimensiones de la política es precisamente la construcción de una teoría de la polis, o lo que es más ajustado al mundo contemporáneo, la diversidad de construcciones de teorías de la polis (o las polis), muchas de ellas —sino todas— en conflicto y permanente contradicción (¿acaso una derivación colmenar necesaria de las fluctuantes contradicciones innatas del ser antropológico?).
    A su vez, estas teorías o interpretaciones-construcciones de la realidad social poseen un correlato en el plano de las prácticas sociales, en que se cristalizan los conflictos y contradicciones inter-teóricos e intra-teóricos. Los partidos, las agrupaciones, las organizaciones, las instituciones, casi todos reproduciendo la forma de organización atávica por primacía, la jerarquía, no se escapan de aquellas sociedades llamadas primitivas por la tradición occidental, ni siquiera vistiendo el esquema piramidal de representativismo —en el menos peor de los casos habidos. Y esto no lo expongo bajo lupa juiciosa. Sólo lo hago a los fines de una invitación ética. ¿Hasta qué punto desarrollamos teorías que son producto del reflexionar filosófico, de resultados de investigaciones científicas (en las diversas áreas) y no de un «llamamiento de la manada»? Y aclaro que no pretendo con esto una oda al racionalismo, sino al pensar en términos políticos, cuál de todos los escenarios posibles pudiera ser el más deseable para la inmensa mayoría.
    Y de aquí me surge otra pregunta, ¿vale lo que la inmensa mayoría «desee» como fuente de posicionamiento, habida cuenta de la variabilidad inherente en el deseo, la pretensión, los intereses (particulares y generales)? ¿Debiera seguir «gobernando»** una aristocracia en los estados nacionales del mundo contemporáneo? Su derecho a la gobernación, apartando al sufragio a un lado, ¿está justificado por qué clase de supremacía?, ¿intelectual, espiritual, de posibilidad de acceso a bienes económicos y su distribución (y por tanto de manejar voluntades sujetas al sistema monetario en curso), técnica? ¿Basta, acaso, con dichas ventajas sobre el ciudadano común para que pueda, dicha aristocracia ejercer el poder decisorio sobre millones de vidas? ¿Y si sus intereses son diferentes al de la mayoría de las clases sociales habidas en una sociedad en determinado transversal del tiempo?
    Hoy en día existen los medios tecnológicos para que pudiéramos en muchos países construir un «ágora virtual» e implementar un sistema de votación directa con prioridad de temáticas categorizadas al estilo Árbol de Porfirio e incluso con niveles de responsabilidad civil en cuanto a las temáticas consideradas centrales en determinada región (a caso de la producción que en esta se desarrolle, por ejemplo). Incluso los debates y propuestas podrían ser emitidas en vivo, tal como sucede actualmente... y etcétera.
    Pero... ¿acabaría esta democracia directa con los problemas de la sociedad mundial al corto, mediano o largo plazo? Si las configuraciones sociales, muchas de ellas no compatibles entre una cultura y otra, si las tendencias naturales, llamémosle, animales, tienden per se a la segregación social, a la marginación (y si para revertir esto, las instituciones actuales llevan a cabo trabajos de socialización de largos años en los diversos sujetos), me pregunto, por poner un ejemplo de tantas otras preguntas, ¿qué pasaría si se sometiera a votación popular el expulsar o no a un grupo social minoritario o extranjero?, ¿qué votaría «el pueblo» (idealizado por muchos zurdos, entre los que me incluyo) si se sometiera a su merced la libertad sexual y los derechos que reclaman las minorías sexuales aún hoy en día en muchos países del mundo o si, por el contrario, el Estado sometiera a merced del pueblo la decisión sobre la libertad de culto? Y es que aquí entra otra variable. Cometemos los demócratas directos (anarquistas o socialistas) el mismo error que cometen los liberales al hablar de los méritos y la competencia: tomamos como punto de partida cero el momento actual, sin considerar que estamos insertos no sólo en una sociedad tardía (con sus tradiciones, sus valores judeo-cristianos, sus problemas de consumo y producción, su creación incesante de necesidades, etc.), sino que en esta, cada uno de los sujetos que la conforma ha desarrollado su identidad social o se encuentra en desarrollo. Y esto se constituye en otro factor a considerar.
    Sin duda, la política es un campo de complejo análisis al cual no pueden escaparse no sólo las formas de gobernación, sino también los modos en que una sociedad es organizada por ellas, en todos sus planos de intereses sociales, la educación como proyecto de sujeto individual y colectivo, la economía y la salud, como sustento de las personas, y un largo etcétera.



    Por último pido disculpas al lector. Esta suerte de ensayo es más bien una improvisación, una catarsis de multitud de reflexiones que vengo tejiendo y destejiendo desde hace más de un año.


    * Empleo términos con que usualmente denominamos a diversidad de organizaciones, cuyas estructuras difieren de hecho, en el dialecto rioplatense.
    ** Uso las comillas, porque no considero que el poder gubernamental se encuentre centralizado de manera excluyente en casi ningún gobierno del mundo. Incluso en las dictaduras más cerradas, existe una interacción necesaria con grupos sociales foráneos que obliga a dichas dictaduras a llegar a acuerdos.
     
    #1
    Última modificación: 3 de Junio de 2019
    A dragon_ecu le gusta esto.

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