tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
​La primera noche en la playa con tortuosos licores a la mano, bastoneando pasos solidarios con el ruso al borde de la espuma fría del mar.
Compitiendo quizás con dos botellas, compilando escenas dementes, mascando el salitre enquistado en el aire.
Como dromedarios dipsómanos acumuladores de Gancia y Legui.
Toda risa grito y llanto almacenados en algún tramo de mí, quizás para poder contarlo. Destorcidas charlas surgidas de un raid severo, que cristalizó el resquebrajo zumbido de algún odio oculto.
¿Porque no?
Un repentino rencor, una risa entusiasta sin sentido, rotundo adormilado, que apagó ese todo.
El frío rustico de la mañana, más el agua escarchada rozándome los pies.
Sobresalto traidor.
Desperté al ruso como pude.
Que sostenía con tesón la botella de Gancia.
Unos minutos más y el mar nos tapaba, es mas nos despertó y nos echo de sus dominios. Nunca sufrimos tanto el frío como aquella mañana de Gesell.
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Compitiendo quizás con dos botellas, compilando escenas dementes, mascando el salitre enquistado en el aire.
Como dromedarios dipsómanos acumuladores de Gancia y Legui.
Toda risa grito y llanto almacenados en algún tramo de mí, quizás para poder contarlo. Destorcidas charlas surgidas de un raid severo, que cristalizó el resquebrajo zumbido de algún odio oculto.
¿Porque no?
Un repentino rencor, una risa entusiasta sin sentido, rotundo adormilado, que apagó ese todo.
El frío rustico de la mañana, más el agua escarchada rozándome los pies.
Sobresalto traidor.
Desperté al ruso como pude.
Que sostenía con tesón la botella de Gancia.
Unos minutos más y el mar nos tapaba, es mas nos despertó y nos echo de sus dominios. Nunca sufrimos tanto el frío como aquella mañana de Gesell.
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