Se corrió la apuesta y nos encontramos mal parados. Descubrimos en un espacio corto de tiempo desaliñado, que somos meros espectadores de nuestra vida; que estamos maniatados y amordazados por los mismos tópicos de anuencia tácita, los que en su momento defendimos y ahora encontramos fuera de todo contexto. Apostamos a nuestro favor y sin embargo dimos las riendas de nuestros destinos al azar, haciendo malabarismos con cuchillas sin empuñadura, exponiendo el pecho con la esperanza de no ser atravesados por nuestra propia estupidez. Les dimos a otros el poder para matarnos.
Ahora sobrevivimos, no vivimos.
Ahora sobrevivimos, no vivimos.
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