Monrv
Poeta recién llegado
Sofia sintió el aliento de Carlos en su nuca y los pelos se le erizaron; un hormigueo delicioso ascendió entre sus muslos. Sentía el cuerpo de él cada vez más apretado contra ella, deseaba girarse y besar sus labios, esos labios que tanto había soñado. La gente alrededor coreaba las canciones y botaban como locos, pero Sofía no podía moverse por miedo a perder contacto con él. Deseaba sentir las fuertes manos de Carlos sobre sus cadera y deslizarse en su cuerpo hasta alcanzar sus ojos, perderse en su mirada y sellar con un beso, por fin, está pasión que la consumía. De pronto una corriente recorrió su piel y se lanzó, giró delicadamente sobre sus pies con los ojos entre cerrados, imaginándose esos delicados labios sobre los de suyos. Pero pasados unos segundos fue consciente de una dura realidad: Carlos no estaba, nunca había estado allí y nunca estaría. Sofía sintió una punzada en el pecho, de golpe, el dolor de la muerte prematura de Carlos se hizo latente en todo su ser. Salió cabizbaja del pub y caminó despacio hacia su casa, sintiendo, a su pesar, aun la presencia de Carlos.