Teo Moran
Poeta fiel al portal
El viento no depone su algarada,
la cortina como muralla exánime
se eleva ante su ímpetu para después,
delicadamente, recostarse en la ventana,
mientras la persiana cruje y tiembla
pero no sé si es por el viento dolido
o por el gruñir de mi enferma alma.
Y esa voz, que indeleble se forja viva
en la oscuridad del débil corazón,
también grita sin sentido en el aire
y como alumno frío y aventajado
va nombrando todos mis pecados,
va enumerando las huellas rotas
que hollaron inmisericordes el infierno,
ese castigo por el cual me juzgo
y me condeno a vagar sin rumbo
por entre demonios innombrables.
Quise llevar algo de luz a mi locura,
un juramento inquebrantable,
desollar la letra que nace de mi boca
con el bisturí del cirujano inexperto,
desalar el mar que se agita en mis ojos,
para que al final todo se reduzca
a ver pasar el tiempo como un mal menor,
a dejar los innumerables sueños
enredarse entre las vaporosas cortinas,
y aún así, la vida queda expectante
a que por fin te decidas abrir la ventana.