Soledad cosmica II

Derghos

A la nada regresa la realidad de las palabras
He perdido la voz en el silencio.

Tratando de rescatar unas alas que nunca tuve regrese a mi patria,

Tierra de escombros, áridos vuelos que nunca han podido soñar.

El sol es sólo un recuerdo lejano en la noche.

Hundidas las manos en cenizas recojo un polvo que brilla como las estrellas,

Impaciente de que el día me borre con su luz.

Me dibujo en cada rama del bosque, queriendo ser parte de la ausencia,

Del estrepitoso vacío que llena el mundo distante y lejano.

Las voces celestes son sólo recuerdo, recuerdo inerte y salvaje;

Quiere poseerme, pero nada hay ahí fuera.

La luna, en su reflejo, me muestra su rostro

Y contemplo, en su faz, el tiempo que dictan mis versos.

Nada hay, sólo ausencia.

La niñez, ese vaso infinito inundado de universo,

Esa copa cuyo recuerdo es amargo y terrible cuando brilla bañada por la nostalgia.

Ya no queda una gota de embriaguez, tan solo delirio y estruendo.

Ya no hay poesía sin palabras, tan solo me queda el verso.

Mi barca, varada en el negro océano, clama, arde y muere por una luz,

Una luz emanada de la tierra de aquellas islas afortunadas

Que entre sueños y poesía, muchos han creído tejer.

¡ Y he de caer!

¡Los hilos del suelo están rotos! ¡Siempre lo han estado!

Son sólo sus voces, siempre sin respuesta.
 
Última edición:
He perdido la voz en el silencio.

Tratando de rescatar unas alas que nunca tuve regrese a mi patria,

Tierra de escombros, áridos vuelos que nunca han podido soñar.

El sol es sólo un recuerdo lejano en la noche.

Hundidas las manos en cenizas recojo un polvo que brilla como las estrellas,

Impaciente de que el día me borre con su luz.

Me dibujo en cada rama del bosque, queriendo ser parte de la ausencia,

Del estrepitoso vacío que llena el mundo distante y lejano.

Las voces celestes son sólo recuerdo, recuerdo inerte y salvaje;

Quiere poseerme, pero nada hay ahí fuera.

La luna, en su reflejo, me muestra su rostro

Y contemplo, en su faz, el tiempo que dictan mis versos.

Nada hay, sólo ausencia.

La niñez, ese vaso infinito inundado de universo,

Esa copa cuyo recuerdo es amargo y terrible cuando brilla bañada por la nostalgia.

Ya no queda una gota de embriaguez, tan solo delirio y estruendo.

Ya no hay poesía sin palabras, tan solo me queda el verso.

Mi barca, varada en el negro océano, clama, arde y muere por una luz,

Una luz emanada de la tierra de aquellas islas afortunadas

Que entre sueños y poesía, muchos han creído tejer.

¡ Y he de caer!

¡Los hilos del suelo están rotos! ¡Siempre lo han estado!

Son sólo sus voces, siempre sin respuesta.
El título no puede ser más acertado para este poema tuyo que es el íntimo retrato de un sentimiento cuando la soledad nos transciende como personas individuales.
Me alegra conocerte.
Jazmín
 

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