Sólo unas gotas se enterraron
en el adormilado camposanto,
donde descansan los nuestros en silencio,
y postradas sus almas llenas de encanto,
aun se regocijan con el triste invierno,
en quietud de nieve,
en soledad de hielo.
Y luego, las cenizas no se movieron,
ni con el correr del viento,
y todo siguió igual,
sin que nada pasara,
sin nubes tormentosas
ni plañideras penosas,
ni entonaciones de cantos
ni vista de quebrantos,
sólo unas cuantas gotas ahuesadas cayeron,
llorando, en el adormilado camposanto.