IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Baila la gloria entre miserias internas,
y ella es mas terca que el tiempo,
porque los segundos mueren de más,
la gloria no es para los prudentes,
la gloria es oro, y matan por él,
la gloria trémula carcome,
la vida y sus instantes,
por una victoria insuficiente,
la cima no es paisaje,
es el ego del ganador, ciego y sordo.
la fe es testigo, de humanos convulsos,
y ella no se hace cargo de cada intelecto.
la fe es la cima de la ingenuidad,
por creer que la realidad
la reparará algún futuro,
por creer que un muerto
puede sembrar vida,
aún en las hostilidades
de un presente indomable,
no hay más putrefacta insignificancia
que una perfecta promesa inexistente,
de esas que alimentan
la pobre ignorancia del creyente,
de esas que pudren los sueños
entre imaginarios esclavos,
y la muerte llegará temprana,
cuando se nos pierda todo respeto,
cuando se gane su atención.
lamento de vida, ¿será cuento?,
será canción para oídos
ahora muertos,
cadáveres de cientos, ¿será el final?
no será un inicio,
será el solsticio
de nuestro averno congelado.
y ella es mas terca que el tiempo,
porque los segundos mueren de más,
la gloria no es para los prudentes,
la gloria es oro, y matan por él,
la gloria trémula carcome,
la vida y sus instantes,
por una victoria insuficiente,
la cima no es paisaje,
es el ego del ganador, ciego y sordo.
la fe es testigo, de humanos convulsos,
y ella no se hace cargo de cada intelecto.
la fe es la cima de la ingenuidad,
por creer que la realidad
la reparará algún futuro,
por creer que un muerto
puede sembrar vida,
aún en las hostilidades
de un presente indomable,
no hay más putrefacta insignificancia
que una perfecta promesa inexistente,
de esas que alimentan
la pobre ignorancia del creyente,
de esas que pudren los sueños
entre imaginarios esclavos,
y la muerte llegará temprana,
cuando se nos pierda todo respeto,
cuando se gane su atención.
lamento de vida, ¿será cuento?,
será canción para oídos
ahora muertos,
cadáveres de cientos, ¿será el final?
no será un inicio,
será el solsticio
de nuestro averno congelado.