ropittella
Poeta veterana en el Portal
Cuando se callan los estruendos de la guerra, por un mínimo momento, o por cierto prolongado tiempo, detrás del estupor, aparecen en los ojos de los dolientes las imágenes de vida de sus muertos. Entonces comienzan a latir, a dar señales, como ojos que lo han visto todo, que ya no quieren ver nada más...
La había escuchado el día anterior, con fatídica esperanza. La fría noticia no la asombró, Héctor estaba muerto. Ella esperaba que fallara esta vez, la premonición, “el aviso” de funestas noticias que se avecinaban,cada vez que por las noches escuchaba dentro de su almohada como si algo, ella decía un bicho, estuviera corriendo. No podía describirlo, pero era infalible, cada vez que lo escuchaba…
La guerra se había llevado a su hermano. Salió corriendo a destruir todas las imágenes religiosas de la casa, la furia le lastimaba las manos. El funeral sin cuerpo presente reunió al pueblo, y hubo de cocinar, y de llorar a mares, le esperaba el luto de la madre.
La sombra de Héctor la seguía a todas partes, y ella sin miedo se sentía acompañada en los recuerdos, en los sueños. En la vigilia toda fuente de agua reflejaba la sombra, y como a su hermano, a la sombra le gustaba cambiar de sombrero. Fumaba y cantaba con los mismos gestos. Y hasta la mueca de la risa solía imitarle. Y hasta la sombra de un bastón que su hermano jamás había usado le resultaba natural, la sombra lo manejaba con gracia.
Todo un año pasó, de luto y agonía, de pena, de miseria. Muchas otras sombras andaban como personas. Descalzos, los niños, por las calles insoladas del pueblo buscaban lagartijas bajo las piedras.
Ella cosía frente a la ventana, dos días ya que no la veía.
Hasta que la sombra de Héctor apareció vestida. Más vieja y apoyada firmemente en su bastón. Se aproximaba lentamente, tímidamente. Un rayo de sol de la tarde bien temprano formaba arco iris en el rostro empapado de la sombra, y siendo así, no hubo dudas. Cuando alcanzó la puerta la prenda que cosía se había enredado entre sus piernas, como si no quisiera que ella cometiera la locura de dejarse ver, loca, abrazar a una sombra…
_ ¡Héctor, Héctor! ¡AYYYY! ¡Héctor! ¿Dónde estabas? Yo, no entiendo, ¡Héctor!
¡Madre! ¡Carmela! ¡¡¡Es Héctor!!! No ha muerto, ¡Héctor, ¿Dónde estabas?!
_Preso en Libia, pero te soñaba, todos los días te soñaba…
La había escuchado el día anterior, con fatídica esperanza. La fría noticia no la asombró, Héctor estaba muerto. Ella esperaba que fallara esta vez, la premonición, “el aviso” de funestas noticias que se avecinaban,cada vez que por las noches escuchaba dentro de su almohada como si algo, ella decía un bicho, estuviera corriendo. No podía describirlo, pero era infalible, cada vez que lo escuchaba…
La guerra se había llevado a su hermano. Salió corriendo a destruir todas las imágenes religiosas de la casa, la furia le lastimaba las manos. El funeral sin cuerpo presente reunió al pueblo, y hubo de cocinar, y de llorar a mares, le esperaba el luto de la madre.
La sombra de Héctor la seguía a todas partes, y ella sin miedo se sentía acompañada en los recuerdos, en los sueños. En la vigilia toda fuente de agua reflejaba la sombra, y como a su hermano, a la sombra le gustaba cambiar de sombrero. Fumaba y cantaba con los mismos gestos. Y hasta la mueca de la risa solía imitarle. Y hasta la sombra de un bastón que su hermano jamás había usado le resultaba natural, la sombra lo manejaba con gracia.
Todo un año pasó, de luto y agonía, de pena, de miseria. Muchas otras sombras andaban como personas. Descalzos, los niños, por las calles insoladas del pueblo buscaban lagartijas bajo las piedras.
Ella cosía frente a la ventana, dos días ya que no la veía.
Hasta que la sombra de Héctor apareció vestida. Más vieja y apoyada firmemente en su bastón. Se aproximaba lentamente, tímidamente. Un rayo de sol de la tarde bien temprano formaba arco iris en el rostro empapado de la sombra, y siendo así, no hubo dudas. Cuando alcanzó la puerta la prenda que cosía se había enredado entre sus piernas, como si no quisiera que ella cometiera la locura de dejarse ver, loca, abrazar a una sombra…
_ ¡Héctor, Héctor! ¡AYYYY! ¡Héctor! ¿Dónde estabas? Yo, no entiendo, ¡Héctor!
¡Madre! ¡Carmela! ¡¡¡Es Héctor!!! No ha muerto, ¡Héctor, ¿Dónde estabas?!
_Preso en Libia, pero te soñaba, todos los días te soñaba…
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