sergio morales araya
Poeta recién llegado
Es otoño, cae la noche, se detiene el tiempo entre pensamientos y constelaciones que guían mis pasos acaudillados, envueltos en misterio al inmiscuirse en impenetrables afonías. Allí entre omisión y remembranzas, entre pasado y futuro, ánforas asoman encandilando aquel camino extraviado entre la densa neblina que ofusca el paisaje.
Es de madrugada, nacen los primeros destellos de luz, es un nuevo amanecer. Vehemente alzo mis brazos, mis manos y mirada mientras contemplo el primer deslumbre de sol. Abro paso entre senderos de hojas que caen lenta y sigilosamente, mientras dirijo mi peregrinar a nuevas rutas que direccionan mi transitar a un templado atardecer sin voltear la vista hacia atrás.
Es de madrugada, nacen los primeros destellos de luz, es un nuevo amanecer. Vehemente alzo mis brazos, mis manos y mirada mientras contemplo el primer deslumbre de sol. Abro paso entre senderos de hojas que caen lenta y sigilosamente, mientras dirijo mi peregrinar a nuevas rutas que direccionan mi transitar a un templado atardecer sin voltear la vista hacia atrás.
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