ropittella
Poeta veterana en el Portal
Sí, es así, escriben en las blancas servilletas,
de los bares, y hasta en las hojas de los árboles,
en cuartos de dos por dos, a veces azules, los poetas.
Son esclavos de sus musas, gigantes de hipérboles
desesperan, se les gastan las mañas
en las trágicas madrugadas del desvelo,
mientras inventan orgías de bravas hazañas,
vuelan hasta la luna de un limitado cielo.
Soledad y tristeza, cuando no furia, vienen al ruedo,
acurrucadas en letras de ansiedades truncas,
de amores prohibidos, cuentan las sílabas con feroz denuedo.
Se han parido destino de misioneros, del arte que no se rinde,
aunque no haya dónde escribirlos, los poemas se procrean,
apabullan, arremeten, por desconcierto que se les brinde.
Pueden brotar en las piedras viajes que no sucedieron,
utópicos paisajes vistos con ojos de tinta recrean.
Se ufanan de virtudes que jamás tuvieron...
Son hombres, son mujeres, son amantes, amigos,
hijos, hermanos, padres, solitarios, peregrinos,
pentagramas, adivinos, celadores, aburridos, estafados, enemigos...
Aunque no lo sean, se lo creen, lo aparentan, las miradas los comprometen.
Una imagen en mil palabras traducen sus lumbres.
El río puede parecer un mar de noche, y no mienten.
Lectores del mañana, sucesores de costumbres.
La creación les permite idolatrar lo que sienten.
Las canciones de muchos denuncian injusticia,
proclaman la paz, son armas contra toda guerra.
Avizoran encuentros, solicitan la franquicia:
de otras voces, de otros pueblos, de otros cometas.
Los hay en todas partes, pueblan toda la tierra.
Proveedores de sueños son, y sones, y basta. Son poetas.
de los bares, y hasta en las hojas de los árboles,
en cuartos de dos por dos, a veces azules, los poetas.
Son esclavos de sus musas, gigantes de hipérboles
desesperan, se les gastan las mañas
en las trágicas madrugadas del desvelo,
mientras inventan orgías de bravas hazañas,
vuelan hasta la luna de un limitado cielo.
Soledad y tristeza, cuando no furia, vienen al ruedo,
acurrucadas en letras de ansiedades truncas,
de amores prohibidos, cuentan las sílabas con feroz denuedo.
Se han parido destino de misioneros, del arte que no se rinde,
aunque no haya dónde escribirlos, los poemas se procrean,
apabullan, arremeten, por desconcierto que se les brinde.
Pueden brotar en las piedras viajes que no sucedieron,
utópicos paisajes vistos con ojos de tinta recrean.
Se ufanan de virtudes que jamás tuvieron...
Son hombres, son mujeres, son amantes, amigos,
hijos, hermanos, padres, solitarios, peregrinos,
pentagramas, adivinos, celadores, aburridos, estafados, enemigos...
Aunque no lo sean, se lo creen, lo aparentan, las miradas los comprometen.
Una imagen en mil palabras traducen sus lumbres.
El río puede parecer un mar de noche, y no mienten.
Lectores del mañana, sucesores de costumbres.
La creación les permite idolatrar lo que sienten.
Las canciones de muchos denuncian injusticia,
proclaman la paz, son armas contra toda guerra.
Avizoran encuentros, solicitan la franquicia:
de otras voces, de otros pueblos, de otros cometas.
Los hay en todas partes, pueblan toda la tierra.
Proveedores de sueños son, y sones, y basta. Son poetas.