Explota mi sentimiento, cortando la comunicación, gira en torno a un templo que levanta el nuevo sentido de apartar el movimiento de tus manos dirigiendo la música, que sangran, al apuntar en el tiempo correcto y que se detienen en el error final.
Descubre el maniquí en tu cuerpo que se transforma en el musculo buscando la diferencia del cambio de mi mano cruzada por no aguantar la dirección de los dedos confusos que estrangulan en el pasado lamentando el presente.
Arranca las cuerdas vocales para sujetar el canto del corazón que siempre se detiene en una máscara colgada que vigila con los ojos secos y la lengua arrancada, guardando siempre los secretos de los demás.
Aguanta el peso de la piedra en tus brazos, perfora la garganta con la ira que manipula tu fuerza, provocando la vida propia de un ojo explotado que sana al encontrar un nuevo rostro al que ama por estar encerrado en un cajón que busca el camino del control del tono viajando en una arteria que pierde al apostar en el filo de la confusión manipulada con la desesperación.
Golpea el bronce eléctrico con una gota que brota de las vibraciones de una voz perseguida por la pasión de ser escuchada y atravesada por la ira culpable de tristeza, arrancada del fuego por una orden injusta e estúpida de un ser que perdió el poder de las predicciones por entorpecer su vista.
Siempre revive una nueva versión de una canción fragmentada.
Explota un rasgueo animal en mis intestinos que sube hasta mi garganta que se detiene y nada, como una medusa moviendo el mar, igualando con el movimiento de su cuerpo los pulsos del sonido.
Un nuevo ser aparece dentro de tus oídos bailando sobre los golpes de un instrumento que te enreda en sus cuerdas y agita tu cabeza guiando tu cuerpo hacia un nuevo movimiento desconocido.
Catania Sebastian
Descubre el maniquí en tu cuerpo que se transforma en el musculo buscando la diferencia del cambio de mi mano cruzada por no aguantar la dirección de los dedos confusos que estrangulan en el pasado lamentando el presente.
Arranca las cuerdas vocales para sujetar el canto del corazón que siempre se detiene en una máscara colgada que vigila con los ojos secos y la lengua arrancada, guardando siempre los secretos de los demás.
Aguanta el peso de la piedra en tus brazos, perfora la garganta con la ira que manipula tu fuerza, provocando la vida propia de un ojo explotado que sana al encontrar un nuevo rostro al que ama por estar encerrado en un cajón que busca el camino del control del tono viajando en una arteria que pierde al apostar en el filo de la confusión manipulada con la desesperación.
Golpea el bronce eléctrico con una gota que brota de las vibraciones de una voz perseguida por la pasión de ser escuchada y atravesada por la ira culpable de tristeza, arrancada del fuego por una orden injusta e estúpida de un ser que perdió el poder de las predicciones por entorpecer su vista.
Siempre revive una nueva versión de una canción fragmentada.
Explota un rasgueo animal en mis intestinos que sube hasta mi garganta que se detiene y nada, como una medusa moviendo el mar, igualando con el movimiento de su cuerpo los pulsos del sonido.
Un nuevo ser aparece dentro de tus oídos bailando sobre los golpes de un instrumento que te enreda en sus cuerdas y agita tu cabeza guiando tu cuerpo hacia un nuevo movimiento desconocido.
Catania Sebastian