Lex Mar
Poeta recién llegado
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Vierte la triste pena dolida
Un doliente al joven poetiso.
Las frecuencias están muertas
Y el silencio, un canto umbrío.
En sus ojos el letrado deprimido
Rememora canciones, su sutileza,
Que clama por volver una vez más a ellas
Apreciando otra vez su bello sonido.
En los recuerdos, la virgen adolescencia.
Y en las negras lágrimas, lamentos de chico
Justifica el porqué de todo lo perdido
Mas es un daño que ya no tiene vuelta.
Y toda vez, las ondas más pequeñas,
Y después, decibeles mortecinos
Donde mudan los sutiles tañidos
Más que nunca, hasta la sordera.
Y en su semblante, aliento tranquilo,
Y en su redor, toda la vida tiembla.
Y de su atisbar una blanca paciencia
Para encontrar un poco de paz
En la tormenta.
Y cada día más; frecuencias sin sentido,
Y una armonía que cada cuánto mengua
Los placeres de lo habido.
Cada día más; llora el rostro blanquecino,
Y en cada parte recubre la vergüenza
Que tanto sufre en su abismo.
Y reserva la voz, la escucha; su prudencia.
De ojos opacos y de espíritu atento
Mas agravios nacen de aquel desvelo.
Y guarda el rencor, la culpa, la tristeza
Bajo los soles de los días, los comienzos,
En una esperanza que vive en pleno silencio.
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Vierte la triste pena dolida
Un doliente al joven poetiso.
Las frecuencias están muertas
Y el silencio, un canto umbrío.
En sus ojos el letrado deprimido
Rememora canciones, su sutileza,
Que clama por volver una vez más a ellas
Apreciando otra vez su bello sonido.
En los recuerdos, la virgen adolescencia.
Y en las negras lágrimas, lamentos de chico
Justifica el porqué de todo lo perdido
Mas es un daño que ya no tiene vuelta.
Y toda vez, las ondas más pequeñas,
Y después, decibeles mortecinos
Donde mudan los sutiles tañidos
Más que nunca, hasta la sordera.
Y en su semblante, aliento tranquilo,
Y en su redor, toda la vida tiembla.
Y de su atisbar una blanca paciencia
Para encontrar un poco de paz
En la tormenta.
Y cada día más; frecuencias sin sentido,
Y una armonía que cada cuánto mengua
Los placeres de lo habido.
Cada día más; llora el rostro blanquecino,
Y en cada parte recubre la vergüenza
Que tanto sufre en su abismo.
Y reserva la voz, la escucha; su prudencia.
De ojos opacos y de espíritu atento
Mas agravios nacen de aquel desvelo.
Y guarda el rencor, la culpa, la tristeza
Bajo los soles de los días, los comienzos,
En una esperanza que vive en pleno silencio.
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