Su mano sujetó mi exhalación
en franca oposición a toda vida.
Miré con la esperanza en distinguir
al cruento ejecutor de la venganza
que llega, al consumirse su periodo
de gracia, en oportuna displicencia.
Sonrío sabedor que de oponerme
alargo las penurias del balance...
No pienso resistirme a sus edictos
y tengo la perfecta asignatura
al resto de mis fuerzas declinantes:
Reírme con el rostro de la paz
quitando los temores de mi paso.