Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Había tanto dolor en sus ojosrojizos y atestados,inmóviles como antorcha de queroseneen esas noches en que la oscuridad se cuaja,la luna se marcha y las estrellas empiezan a escasear,en esos tiempos en que los relojes, ya se han cansado de caminar;que me rehusaba a mirarsu cuerpo cansado, allí tirado, en la pasmosa oscuridad. Aumentaba el apetito de llorar, de emprender carrera y gritar y gritar;sin embargo permanecí allí,inmóvil, pétrea,por una eternidad, le miraba
sentía que si no lo hacía,ella se iba a marchar.Nada podía hacer,nada podía ofrecerle para calmar ese dolor que le calcinaba a fuego lento desde sus entrañas.Le miraba, le miraba con todo el valor que otorga aquello que no se quiere mirar,pero que se termina por contemplar.Era un valiente cuerpo librando una guerra,que se iba,pero se quedaba.Si algo estaba claro, era que no se quería marchar.Tomé sus manos entre mis manos,sequé mi dolor con las suyas,quería escapar, no lo hice
enjuagué su rostro con mi rostro,sequé sus manos con las mías, y las mías con las suyas.Permanecí allí abrazada,aferrada a su cuerpo,por horas, por siglos,y no supe.. no quise saber más