El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
La caja está verde desbordando,
como un verde cajón de manzanas verdes.
Como un campo de golf en enero.
La caja está llena,
el alma, no creo.
Cuerdas que tocan sin sentir,
actores que contratan analistas y contadores.
Payasos que miran la hora, que no beben,
que que no rien, que no lloran
Plumas que escriben por dinero,
La caja está llena de verdes billetes,
de conciencias que se lustran bien,
y luego se ofertan y se venden.
La caja está llena.
Son las tres menos diez de alguna madrugada.
Descansan las manos de contar papeles numerados.
Las bóvedas de los bancos están cerradas,
con setenta tristes candados.
Todos duermen suspirando en calma.
Las bovedas no tienen ventanas,
las conciencias no se quejan.
Los billetes no tienen alma.
Guardias con dientes,
perros armados.
Rejas y más rejas,
por los cuatro costados.
Es que es muy tarde, nos dicen.
Todo ya tiene dueño,
hasta las planicies dónde corrías en tus sueños.
Todo está contado,
y recontado.
No toques nada.
¡No toques!
Camino por el microcentro de Buenos Aires.
Todo es extraño,
todo no vale nada.
No están acá pero los veo,
con su traje, disfrazados.
Comprando vendiendo, engañando,
con dobles, triples apellidos.
Con dos caras, con cuatro lenguas,
con ocho garras por manos.
Ladrando,
como perros.
Rabiosos.
Sellando, firmando,
sonriendo con asco,
con sonrisa podrida,
estafando.
Los veo por todos lados,
Los veo con sus trajes disfrazados.
Sin discriminar.
Chupando la sangre de un ingeniero o un obrero.
Escupiendo las manos vacías de un jubilado.
Riéndose a carcajadas pestilentes del honrado.
Tienen cuerpo de culebra y cabeza de toro.
Se arrastran, nos embisten en su lodo.
Vienen llegando.
Son muchos.
Vienen por todo.
Nos defienden, jueces vendidos y cobrados.
Arlequines uniformados de cartón pintado.
Actores que contratan analistas y contadores.
Payasos que miran la hora,
que no beben,
que no ríen,
que no lloran.
Plumas que escriben por dinero,
cuerdas que tocan sin sentir,
conciencias oscuras que firman contratos grises.
¿Quise pero no pude?, o
¿pude pero no quise?.
La caja está llena,
la Luna escondida.
Siento el eco de mis pasos como única compañía.
Esta ciudad ya se quedó vacía...
Alguien quiere alcanzarme un papel gris
y una pluma que gotea sangre,
como recien arrancada para que firme.
Mientras se descuidan también huyo,
escapando por la ventana.
Cruzo corriendo la Nueve de Julio,
casi voy llegando a Libertad.
Me subo a un colectivo,
que también debo pagar.
Me alejo soñando que les ganamos,
pero yo sé
que no es verdad...
(2005)
El Poeta del Asfalto
microcentro: Así se le llama a las zona bancaria en Bunos Aires.
La Nueve de Julio, Libertad: Calles de Buenos Aires.
como un verde cajón de manzanas verdes.
Como un campo de golf en enero.
La caja está llena,
el alma, no creo.
Cuerdas que tocan sin sentir,
actores que contratan analistas y contadores.
Payasos que miran la hora, que no beben,
que que no rien, que no lloran
Plumas que escriben por dinero,
La caja está llena de verdes billetes,
de conciencias que se lustran bien,
y luego se ofertan y se venden.
La caja está llena.
Son las tres menos diez de alguna madrugada.
Descansan las manos de contar papeles numerados.
Las bóvedas de los bancos están cerradas,
con setenta tristes candados.
Todos duermen suspirando en calma.
Las bovedas no tienen ventanas,
las conciencias no se quejan.
Los billetes no tienen alma.
Guardias con dientes,
perros armados.
Rejas y más rejas,
por los cuatro costados.
Es que es muy tarde, nos dicen.
Todo ya tiene dueño,
hasta las planicies dónde corrías en tus sueños.
Todo está contado,
y recontado.
No toques nada.
¡No toques!
Camino por el microcentro de Buenos Aires.
Todo es extraño,
todo no vale nada.
No están acá pero los veo,
con su traje, disfrazados.
Comprando vendiendo, engañando,
con dobles, triples apellidos.
Con dos caras, con cuatro lenguas,
con ocho garras por manos.
Ladrando,
como perros.
Rabiosos.
Sellando, firmando,
sonriendo con asco,
con sonrisa podrida,
estafando.
Los veo por todos lados,
Los veo con sus trajes disfrazados.
Sin discriminar.
Chupando la sangre de un ingeniero o un obrero.
Escupiendo las manos vacías de un jubilado.
Riéndose a carcajadas pestilentes del honrado.
Tienen cuerpo de culebra y cabeza de toro.
Se arrastran, nos embisten en su lodo.
Vienen llegando.
Son muchos.
Vienen por todo.
Nos defienden, jueces vendidos y cobrados.
Arlequines uniformados de cartón pintado.
Actores que contratan analistas y contadores.
Payasos que miran la hora,
que no beben,
que no ríen,
que no lloran.
Plumas que escriben por dinero,
cuerdas que tocan sin sentir,
conciencias oscuras que firman contratos grises.
¿Quise pero no pude?, o
¿pude pero no quise?.
La caja está llena,
la Luna escondida.
Siento el eco de mis pasos como única compañía.
Esta ciudad ya se quedó vacía...
Alguien quiere alcanzarme un papel gris
y una pluma que gotea sangre,
como recien arrancada para que firme.
Mientras se descuidan también huyo,
escapando por la ventana.
Cruzo corriendo la Nueve de Julio,
casi voy llegando a Libertad.
Me subo a un colectivo,
que también debo pagar.
Me alejo soñando que les ganamos,
pero yo sé
que no es verdad...
(2005)
El Poeta del Asfalto
microcentro: Así se le llama a las zona bancaria en Bunos Aires.
La Nueve de Julio, Libertad: Calles de Buenos Aires.