Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
[FONT="]Aviva el resplandor de su mirada
el piélago sereno y salitroso,
soñando con su rostro tan hermoso
despierto desde un sueño de cascada[FONT="].
Paseando por la playa silenciosa
me encuentro una belleza esplendorosa,
parece una sirena esa damita
danzando de una forma tan graciosa
delante de mis ojos de eremita.
Se yergue ante mí, estatua bronceada
y es musa, esbelta ninfa dorada.
Un hálito de viento milagroso
con aire de soneto misterioso
aviva el resplandor de su mirada.
Me acerco sigiloso a la sirena
tal como estando atado a una cadena
y mientras pienso en qué puedo decirle,
agita misteriosa su melena.
Me acerco un poco más para pedirle
nombre, procedencia y si tiene esposo,
avanzo lentamente y tembloroso,
la miro y le sonrío brevemente
y parece alegrarse de repente
el piélago sereno y salitroso.
Me mira y me sonríe tiernamente
y mientras, permanece aun silente.
Criatura más gloriosa nunca he visto
ni creo vuelva a ver eternamente.
Resbala, se cae y yo le asisto.
Con rostro sorprendido y delicioso
y un aire algo soberbio y peligroso
me invita a que la siga, mas no puedo,
cobarde como soy, mejor me quedo
soñando con su rostro tan hermoso.
Insiste en invitarme mar adentro
lo intento, trato, nado, mas me encuentro
una ola tan gigante, cual muralla
que trato de evadir buscando el centro.
Aun así, me embiste la canalla
devolviendo a la orilla colorada
mi persona jadeante y maltratada.
Sangrante y malherido me levanto
y viendo al horizonte con mi llanto
despierto desde un sueño de cascada.
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el piélago sereno y salitroso,
soñando con su rostro tan hermoso
despierto desde un sueño de cascada[FONT="].
Paseando por la playa silenciosa
me encuentro una belleza esplendorosa,
parece una sirena esa damita
danzando de una forma tan graciosa
delante de mis ojos de eremita.
Se yergue ante mí, estatua bronceada
y es musa, esbelta ninfa dorada.
Un hálito de viento milagroso
con aire de soneto misterioso
aviva el resplandor de su mirada.
Me acerco sigiloso a la sirena
tal como estando atado a una cadena
y mientras pienso en qué puedo decirle,
agita misteriosa su melena.
Me acerco un poco más para pedirle
nombre, procedencia y si tiene esposo,
avanzo lentamente y tembloroso,
la miro y le sonrío brevemente
y parece alegrarse de repente
el piélago sereno y salitroso.
Me mira y me sonríe tiernamente
y mientras, permanece aun silente.
Criatura más gloriosa nunca he visto
ni creo vuelva a ver eternamente.
Resbala, se cae y yo le asisto.
Con rostro sorprendido y delicioso
y un aire algo soberbio y peligroso
me invita a que la siga, mas no puedo,
cobarde como soy, mejor me quedo
soñando con su rostro tan hermoso.
Insiste en invitarme mar adentro
lo intento, trato, nado, mas me encuentro
una ola tan gigante, cual muralla
que trato de evadir buscando el centro.
Aun así, me embiste la canalla
devolviendo a la orilla colorada
mi persona jadeante y maltratada.
Sangrante y malherido me levanto
y viendo al horizonte con mi llanto
despierto desde un sueño de cascada.
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