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Sueño de una Cuba liberada

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Yo la sueño despierta.

No como isla encadenada al miedo ni como voz obligada al susurro, sino como palma erguida bajo el sol, libre de tormentas impuestas. La sueño clara, con el mar cantándole sin vigilancia y los niños corriendo sin aprender primero la palabra “cuidado”.

La sueño sin silencios forzados. Que cada hombre y cada mujer puedan decir su verdad sin que la verdad les cueste la vida. Que el pensamiento no sea delito y que la esperanza no tenga que esconderse en cartas que cruzan fronteras.

La sueño trabajadora y digna, con manos que siembran y cosechan para su propia mesa. Que el pan no sea privilegio, que el médico no sea consuelo político, que el maestro enseñe sin consignas y el poeta escriba sin temor.

La sueño reconciliada. Que los que partieron puedan volver sin miedo, que los que quedaron no sientan vergüenza por haber resistido. Que la patria no sea trinchera sino abrazo. Que no haya hijos de afuera e hijos de adentro, sino un solo pueblo mirándose de frente.

La sueño con justicia, pero sin odio. Porque la libertad no nace del rencor, sino del derecho. No se construye con cadenas nuevas, sino con instituciones firmes y corazones despiertos.

Y si la sueño es porque existe. Porque ningún pueblo vive para siempre arrodillado. Porque la historia enseña que toda noche, por larga que sea, termina por rendirse ante el amanecer.

Cuba no es el miedo.
Cuba es su gente.
Y su gente —cuando despierta— no hay fuerza que la detenga.
 
Yo la sueño despierta.

No como isla encadenada al miedo ni como voz obligada al susurro, sino como palma erguida bajo el sol, libre de tormentas impuestas. La sueño clara, con el mar cantándole sin vigilancia y los niños corriendo sin aprender primero la palabra “cuidado”.

La sueño sin silencios forzados. Que cada hombre y cada mujer puedan decir su verdad sin que la verdad les cueste la vida. Que el pensamiento no sea delito y que la esperanza no tenga que esconderse en cartas que cruzan fronteras.

La sueño trabajadora y digna, con manos que siembran y cosechan para su propia mesa. Que el pan no sea privilegio, que el médico no sea consuelo político, que el maestro enseñe sin consignas y el poeta escriba sin temor.

La sueño reconciliada. Que los que partieron puedan volver sin miedo, que los que quedaron no sientan vergüenza por haber resistido. Que la patria no sea trinchera sino abrazo. Que no haya hijos de afuera e hijos de adentro, sino un solo pueblo mirándose de frente.

La sueño con justicia, pero sin odio. Porque la libertad no nace del rencor, sino del derecho. No se construye con cadenas nuevas, sino con instituciones firmes y corazones despiertos.

Y si la sueño es porque existe. Porque ningún pueblo vive para siempre arrodillado. Porque la historia enseña que toda noche, por larga que sea, termina por rendirse ante el amanecer.

Cuba no es el miedo.
Cuba es su gente.
Y su gente —cuando despierta— no hay fuerza que la detenga.
Agradecido por su deseo de libertad y justicia del pueblo cubano.
Lo esencial que aún en nuestra nación no despierta, su llamamiento emotivo a la acción y a la conciencia colectiva, dejando claro que el despertar del pueblo es lo que puede derribar las cadenas del miedo.

Un abrazo hasta PR
 
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