Sueño la negación.

Gabriel_saia

Poeta recién llegado
Siempre, ese sueño recurre a mí. Sueño algo que no puedo parar de soñar o, por lo menos, no puedo manejar. Muchos van a decir “estás loco” y lo van a sentir de una manera tan propia al sueño que luego no van a poder dejar de soñarlo ellos tampoco. ¡Ay! Maravilla de sueño. Hacer un preámbulo de esta cuestión es solamente un acto para que su atención se esfume –no vaya a ser que lea esto y me considere un tonto sin remedio-.
Voy a explicar: sueño algo confuso e intrincado: sueño que no sueño nada. Así es, válgame si no, sueño que no tengo ningún tipo de sueño. No vaya a ser que alguien entienda lo que se siente; sin embargo, tengo la sensación de que mucha gente sueña lo mismo solamente que, claro está, no lo manifiesta ni lo tolera; tampoco lo valora; no lo medita; vaya a saber uno qué cuestión lo hace omitir el paradójico pensamiento de soñar que no se sueña.
La primera vez que me pasó tenía seis años: me vi, me vi no soñando, durmiendo en paz, disfrutando de la almohada, del colchón, de las suaves medias –de lana, por supuesto-, de la parte de los ojos que nadie puede mirar, de los cabellos cortos –los pirinchos a máquina dos-, del ambiente.
De ahora en más, ¿quién puede prejuzgarme? Me parece que no expliqué del todo mi sueño, obviamente, nunca podría dar la descripción de cada uno. Uno y todos, no lo tomo como debería; tal vez, quizás, quién sabe, podría soñar que estoy soñando y tendría el mismo grado de especificidad que esta breve –pero concisa- explicación.
Sueño más despierto que dormido: esa podría ser la apreciación última de esta sarta de fonemas yuxtapuestos.




Gabriel A. Saia
 

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