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Suicida

crisantemo

Poeta fiel al portal
Me sentí como un Kleenex que arrojaran

sucio de maquillaje desde lo alto

de una azotea, di ese breve salto

para que los demonios acallaran.



Los edificios daban la impresión

de ser cristal de espejo, reflejaban

las nubes y los pájaros, flotaban

como si fueran pompas de jabón.



Los ojos, los oídos, los cerré

y el tacto de mi piel; abrí mis manos

a los cielos; tomé de los cristianos,

en mis instantes últimos, la fe.



Escuché en el asfalto un golpe seco

y luego nada. Nada, solo el eco.
 
Me sentí como un Kleenex que arrojaran

sucio de maquillaje desde lo alto

de una azotea, di ese breve salto

para que los demonios acallaran.



Los edificios daban la impresión

de ser cristal de espejo, reflejaban

las nubes y los pájaros, flotaban

como si fueran pompas de jabón.



Los ojos, los oídos, los cerré

y el tacto de mi piel; abrí mis manos

a los cielos; tomé de los cristianos,

en mis instantes últimos, la fe.



Escuché en el asfalto un golpe seco

y luego nada. Nada, solo el eco.
Veces nos sorprendemos con el ser que tenemos al lado, más nuestro ser interno nos arropa porque es muy importante amarnos para no vernos sacudidos por ser marionetas de seres que quizás, ni se quieran a ellos mismos, se necesita mucho amor interno para no caer en la trampa y es que eso duele en el corazón, pero somos más fuerte de lo que creemos, el secreto está en amarnos mucho y que lo que llegue de fuera sea solo un acompañamiento, feliz día Crisantemo, un saludo,

no sé si estoy equivocada, pero me llegó eso
 
Yo tambien creo que el amor tiene entidad, que se cultiva y es la respuesta contra esos demonios que a veces nublan la mente.
Muchas gracias por leer Un saludo cordial Mayca.
 
Me sentí como un Kleenex que arrojaran

sucio de maquillaje desde lo alto

de una azotea, di ese breve salto

para que los demonios acallaran.



Los edificios daban la impresión

de ser cristal de espejo, reflejaban

las nubes y los pájaros, flotaban

como si fueran pompas de jabón.



Los ojos, los oídos, los cerré

y el tacto de mi piel; abrí mis manos

a los cielos; tomé de los cristianos,

en mis instantes últimos, la fe.



Escuché en el asfalto un golpe seco

y luego nada. Nada, solo el eco.
Estimado poeta, encuentro tu propuesta, desde el punto de vista métrico, irreprochable. El poema es apto. Un saludo. Lluís
 

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