Tantas veces en tus labios

Teo Moran

Poeta fiel al portal
Allí donde nace el beso yace el labio,
el testimonio hermoso y curvilíneo
enredado en el rostro incandescente
por el fuego febril de nuestro amor.
No veo salida, ninguna escapatoria,
mi boca va al encuentro de tu boca
y se tambalea al rumor de dos latidos,
va como barco a la deriva y sin timón
se pierde en el iris de tu resplandor.
Mi nariz roza la tuya con el alma en llamas
y un aroma a deseo cálido y delicado…
¡Dos veces abrí mi boca sin aire
y no pude pronunciar ninguna palabra!
Dos veces sentí morir y renacer
con cada uno de los besos de tus labios.
Dos veces sonreí y después lloré
al tenerte desnuda entre mis manos.
Dos veces fallecí en tu blanca piel
y como pétalo liviano ascendí al cielo
presa del pálpito de tu corazón
para después caer despacio y sutil
en los pliegues de tus gruesos labios.
Llevo esa quemadura que no se cura
que cada noche arde cuando duermo,
esa hoguera que quema mi sueño
entre plataneras silentes y un mar azul.
¡Dos veces me desperté sobresaltado
e intenté acariciar y besar tus labios,
y dos veces como un fugaz relámpago
te alejaste con tus besos de mi lado!...​
 
Allí donde nace el beso yace el labio,
el testimonio hermoso y curvilíneo
enredado en el rostro incandescente
por el fuego febril de nuestro amor.
No veo salida, ninguna escapatoria,
mi boca va al encuentro de tu boca
y se tambalea al rumor de dos latidos,
va como barco a la deriva y sin timón
se pierde en el iris de tu resplandor.
Mi nariz roza la tuya con el alma en llamas
y un aroma a deseo cálido y delicado…
¡Dos veces abrí mi boca sin aire
y no pude pronunciar ninguna palabra!
Dos veces sentí morir y renacer
con cada uno de los besos de tus labios.
Dos veces sonreí y después lloré
al tenerte desnuda entre mis manos.
Dos veces fallecí en tu blanca piel
y como pétalo liviano ascendí al cielo
presa del pálpito de tu corazón
para después caer despacio y sutil
en los pliegues de tus gruesos labios.
Llevo esa quemadura que no se cura
que cada noche arde cuando duermo,
esa hoguera que quema mi sueño
entre plataneras silentes y un mar azul.
¡Dos veces me desperté sobresaltado
e intenté acariciar y besar tus labios,
y dos veces como un fugaz relámpago
te alejaste con tus besos de mi lado!...​
Una bonita descripción del origen del beso como un punto de encuentro entre dos labios, donde el fuego del amor se vuelve palpable en el rostro y el cuerpo.

Saludos
 

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