Gonvedo
Poeta asiduo al portal
La tarde del domingo
languidece en su relato,
su luz acrisola todas las luces
allí donde el horizonte quiebra
su vuelo de alquímica quimera.
Discurren en silencio las aguas
bajo puentes suicidas en la bruma,
el vuelo de los pájaros arrastra
tras de sí los últimos ecos del estío.
La tarde del domingo se adormece
al soplo que anima el deambular
de los astros y permite que el tiempo
tome la palabra sin nudo que lo ate.
Entonces la memoria remueve
las cenizas, y un humo de melancolía
asciende al alumbre de zánganos de estrellas.
Se muere esta tarde, y en su agonía
aún puedo sentir su latido que en andas
lleva mi corazón contra su pecho.
languidece en su relato,
su luz acrisola todas las luces
allí donde el horizonte quiebra
su vuelo de alquímica quimera.
Discurren en silencio las aguas
bajo puentes suicidas en la bruma,
el vuelo de los pájaros arrastra
tras de sí los últimos ecos del estío.
La tarde del domingo se adormece
al soplo que anima el deambular
de los astros y permite que el tiempo
tome la palabra sin nudo que lo ate.
Entonces la memoria remueve
las cenizas, y un humo de melancolía
asciende al alumbre de zánganos de estrellas.
Se muere esta tarde, y en su agonía
aún puedo sentir su latido que en andas
lleva mi corazón contra su pecho.