Rei Regis Caceres
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol poniente
ilumina los muros
del Antiguo San Juan,
muros de escarpadas laderas
contra cuales se estrellan
tempestuosos marullos
.
La bahía luce su fino terciopelo
serenas aguas que en destellos,
placidas acogen en su regazo
a barcos de carga y de placer,
lentos a sus muelles navegando
.
Cansada cae la tarde
en su prismático poniente,
bella pincelada de colores
de la brocha del astro soberano,
que en plata, naranja y carmesí,
magistralmente pinta en el celeste
.
En lo alto de las colinas del bastión
sinuosas y de césped alfombradas,
niños, asidos a cordeles invisibles
manejan sus cometas elevadas,
cual águilas que en sigiloso vuelo
incólumes remontan por las nubes
.
El viento en constante abofeteo,
del norte sus ráfagas soplaba
que a la tarde con su sable hería
y palmeras que sensual mecían,
su verde cabellera desgreñaba
.
Al norte yace vasto mar zafiro,
el Atlántico que nuestras costas baña,
ese mar que en fraternal envío
de España condujo al Navegante
y que antes de concebir la Atlántida,
hizo brotar de sus entrañas,
a Puerto Rico, la bella patria mía
.
Vibra el alma,
dilatan los ojos,
el corazón palpita,
se afina la audición,
ante el preludio del ocaso
al revelar la creación su magia
a los mortales que tienen la visión,
en un crepúsculo cuajado de colores,
al pie de los vetustos muros de San Juan
.
RRegis
.
ilumina los muros
del Antiguo San Juan,
muros de escarpadas laderas
contra cuales se estrellan
tempestuosos marullos
.
La bahía luce su fino terciopelo
serenas aguas que en destellos,
placidas acogen en su regazo
a barcos de carga y de placer,
lentos a sus muelles navegando
.
Cansada cae la tarde
en su prismático poniente,
bella pincelada de colores
de la brocha del astro soberano,
que en plata, naranja y carmesí,
magistralmente pinta en el celeste
.
En lo alto de las colinas del bastión
sinuosas y de césped alfombradas,
niños, asidos a cordeles invisibles
manejan sus cometas elevadas,
cual águilas que en sigiloso vuelo
incólumes remontan por las nubes
.
El viento en constante abofeteo,
del norte sus ráfagas soplaba
que a la tarde con su sable hería
y palmeras que sensual mecían,
su verde cabellera desgreñaba
.
Al norte yace vasto mar zafiro,
el Atlántico que nuestras costas baña,
ese mar que en fraternal envío
de España condujo al Navegante
y que antes de concebir la Atlántida,
hizo brotar de sus entrañas,
a Puerto Rico, la bella patria mía
.
Vibra el alma,
dilatan los ojos,
el corazón palpita,
se afina la audición,
ante el preludio del ocaso
al revelar la creación su magia
a los mortales que tienen la visión,
en un crepúsculo cuajado de colores,
al pie de los vetustos muros de San Juan
.
RRegis
.
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