G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Ya caducó aquel beso
que siempre me negaste
y se perdió el instante
que tanto prometí.
Se nos hicieron viejos
los encuentros fugaces
y poco a poco murieron
con todo por decir.
Allí quedaron tendidos
sobre fría escarcha.
Allí, la hora callada
y el triste sentir.
Cargando su cruz,
una sombra en el alma
y de luto las horas
se vistieron en mí.
Ya se marchitó la flor
que nunca entregaste.
Se extravió aquel Martes
que un Lunes prometí.
Atrás quedaron yertos
los momentos audaces
y llorando a raudales
nuestras tardes de abril.
G.S.A.
Última edición: