rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
He hallado en el lenguaje
De la poesía
Una fuerza mágica,
Misteriosa y solemne
Pero tus ojos que he amado,
Tus ojos que no se han cerrado,
Dicen más
Que todas las palabras.
He llegado a comprender
Complejas teorías y tratados
Mas daría todo lo que he aprendido,
Aunque esto fuera lo único;
Por saber tan sólo
¿Por qué algún día se han de morir?
Y porque permanecieran intactos
Como los vocablos
Que nunca los describirán.
Me he sorprendido a mí mismo
De pronto extraviado
En la arquitectura de tu espalda
Donde se posan sutilmente
Las palomas invisibles
De tu ser profundo.
He amado el resplandor de tu torso
Que sostiene cada espiral dorado
De tu melena ensortijada,
Y lo que tu cráneo pequeño
Contiene y propaga.
He amado también
La prisa de tus ansias
Por alcanzar un objetivo,
Aquello que te mueve
Y aquello que te impulsa
A ser tú misma
Con tu neurosis, tus angustias,
tus urgencias
Envueltas en la fragancia
De tu actitud sin calma
Hasta divertida
Proclamando
Lo que es justo
Y lo que es nuestro,
Con tu cuerpo frágil,
Con la dignidad de tu estatura
Tus garras de tigresa malherida,
Tu carácter de salvaje o de asesina.
Amo en verdad la velocidad espontánea
Con que respondes a los estímulos,
También tu lengua y tu lenguaje,
Las delgadas alas de tus labios
Que súbitamente
Se tornan en tu boca,
Y las chispas de luz
Que se convierten en tu mirada,
La voz enérgica de tu templanza salobre
Con el ruido de campanas
Que dejan en el aire
La vibración de tus palabras,
Y lo que tus instintos de mujer
Callan, reprimen o muerden.
Lo bello es que todo vuelve a suceder
Y todo vuelve a reencontrarnos
En el sitio jamás previsto,
A la hora menos señalada
Por obra de un magnífico recuerdo.
El único riesgo de vivir y de hacer
Es que el remordimiento
Sea nuestra mayor condena.
Para ese entonces
Quiero contemplarte desde hoy,
Recostada en una hamaca
En el patio de tu morada
Entre el brillo de tus amapolas
Y el rubor de tus naranjos
Sacudiendo el polvo
De estas viejas palabras
Para cuando tal vez
Esté más cerca
De las raíces de tus árboles
Que de tus propias manos,
Recuérdame forjado
Como sobre estas tardes desiertas
Con un pie en la tierra,
Una mano en las estrellas,
Inclinado en mis papeles
Sobre la mesa
Tratando de describir inútilmente
La belleza indescriptible
Que un día, sorpresivamente,
Voló de tu costado como si hubieras
Dado a luz a todos los sueños
Y criaturas del mundo.