Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Toda la tarde se me ha ido en preguntarme qué pasaría si algunas de las palomas mensajeras que te he enviado se fueran tras tu sombra, te encontraran y te dieran mis mensajes. ¿Lograrían romper tu escudo para que brotaran en tu mente los recuerdos de mi paso por tu vida? ¿Lograrían chantajearte para que doblaras un poco el orgullo y me mostraras cómo has ido creciendo lejos de mi mano, sin mi riego, sin mi humedad, sin mi rocío?
Toda la tarde se me ha ido en buscar adentro de mi mente la impronta de tu piel en prosa y verso y el llanto de las hojas secas en el parque al quebrarse al lado de tu recuerdo mientras las pisábamos.
Ya no recuerdo el timbre de tu voz, y no importa, porque tengo muy presente la luz de tu mirada que hasta hoy alumbra algunos de mis sueños. Sueños en los que vuelvo a ser tierra lista para ser arada y regada por las gotas de tu piel de fiera y mapa; sueños en los que tu cuerpo entero se apodera del mío, apropiándose de las cumbres y praderas, de los recuerdos de miel y hiel y de algunas tardes, y de sueños de los que despierto maldiciendo, pero húmedo y dispuesto.
Due 22/10/22 en una tarde nublada recordando que un día fui en tus manos arcilla dejándose moldear.
Archivos adjuntos
Última edición: