Alan Rosas
Poeta recién llegado
Al humedecerse el entero firmamento
color marrón sin mórbido lamento,
cuyos llamas ojos
para ver la belleza en la que me miras.
Estos, que hacen copula
con el remate de los pliegues
que se gotean,
cuyas llamas pestañas
para ser atavió y cubrir tus penas,
y no ver penas.
Aquel aguaje que leva
con gran ímpetu de la ribera
donde se bañan las arenas
con las aguas del mar,
y donde hurgo
mis dedos sin simetría,
hasta topar
con tu napia flor y nata,
o sigue de largo agasajándose
en el seno de tu alma
color carmín.
Tras esto, llega al ras
del risco de tu mentón,
yendo a pique mohíno atribulado,
por el arrobo de ya no ser algo tuyo.
Aquel lloro de gota en gota
a tu tez color verano va rasguñando.
Desmoronándose una tras otra
por los suelos,
como las olas,
que de haber estado galopando,
terminan golpeando los peñascos .
Parece al trote de paso firme
algunas veces vacilante
que va y viene,
al irse se ase
de las tantas cosas que alguna vez me dijiste,
por esas tantas cosas que también hiciste
vuelve con gran frenesí,
queriendo alcanzarte a las rodillas.
Como el piélago mar que vuelve a la ribera
con el escaparate robusto color blanco
entre sus aguajes.
Siempre vuelve a ti mis ganas
de perseverar,
con el firmamento de lo que tú quieras,
entre mis manos
color marrón sin mórbido lamento,
cuyos llamas ojos
para ver la belleza en la que me miras.
Estos, que hacen copula
con el remate de los pliegues
que se gotean,
cuyas llamas pestañas
para ser atavió y cubrir tus penas,
y no ver penas.
Aquel aguaje que leva
con gran ímpetu de la ribera
donde se bañan las arenas
con las aguas del mar,
y donde hurgo
mis dedos sin simetría,
hasta topar
con tu napia flor y nata,
o sigue de largo agasajándose
en el seno de tu alma
color carmín.
Tras esto, llega al ras
del risco de tu mentón,
yendo a pique mohíno atribulado,
por el arrobo de ya no ser algo tuyo.
Aquel lloro de gota en gota
a tu tez color verano va rasguñando.
Desmoronándose una tras otra
por los suelos,
como las olas,
que de haber estado galopando,
terminan golpeando los peñascos .
Parece al trote de paso firme
algunas veces vacilante
que va y viene,
al irse se ase
de las tantas cosas que alguna vez me dijiste,
por esas tantas cosas que también hiciste
vuelve con gran frenesí,
queriendo alcanzarte a las rodillas.
Como el piélago mar que vuelve a la ribera
con el escaparate robusto color blanco
entre sus aguajes.
Siempre vuelve a ti mis ganas
de perseverar,
con el firmamento de lo que tú quieras,
entre mis manos
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