Ictiandro
Poeta adicto al portal
La mañana roja que me diste
quedó grabada en el reverso de mis párpados
y una gaviota lejos de la costa perdió su rumbo.
Son tus pasos huellas en una playa que no existe,
huracán que envuelve, cansa, amilana.
Te confundes con los colores de una metáfora
que te quiere suya y te desvaneces
cual humo que de un cigarro escapa.
Mis asteroides se confabulan contra tus cometas
impregnando dinamismo a este aburrimiento
nacido de tus labios secos y espinas forjadas.
Entonces la tarde verde llega a su fin
carente de toda esperanza
de encontrarte sin los adornos que te opacan.
Y te esfumas en el aire
como esa bocanada de nicotina tardía
dándome espacio para seguir soñando
un encuentro futuro que me permita dormir
rendido en otros brazos que cultiven mi alma.
quedó grabada en el reverso de mis párpados
y una gaviota lejos de la costa perdió su rumbo.
Son tus pasos huellas en una playa que no existe,
huracán que envuelve, cansa, amilana.
Te confundes con los colores de una metáfora
que te quiere suya y te desvaneces
cual humo que de un cigarro escapa.
Mis asteroides se confabulan contra tus cometas
impregnando dinamismo a este aburrimiento
nacido de tus labios secos y espinas forjadas.
Entonces la tarde verde llega a su fin
carente de toda esperanza
de encontrarte sin los adornos que te opacan.
Y te esfumas en el aire
como esa bocanada de nicotina tardía
dándome espacio para seguir soñando
un encuentro futuro que me permita dormir
rendido en otros brazos que cultiven mi alma.