F. Marcos
F. Marcos
Apuntabas maneras "ladrón"
-cuando con cuatro años-
te sorprendieron dando tripazos
a la nena del segundo.
Seguistes la escalada
compartiendo las incipientes tetítas
de esa niña mayor,
con tu cómplice hermanito.
Y, en el juego del escondite
eras un hacha en no aparecer,
y al final del mismo, lo hacías sofocado
con la niña más linda del barrio.
Pero... los curas del internado
te cortaron las alas "chaval",
se acabaron las pifias, las correrías
ese volar de gaviota.
Y, entre libros y censuras
entre miedos, y mentiras endulzadas
con la soledad entre el tumulto,
empecé a perderte.
Que lejos queda esa mirada
que respondía y preguntaba, sin pestañear.
¿Donde quedó ese orgullo, la locura de Quijote,
el no ceder al viento?.
No sé como ni cuando, pero... te fallé
vendí tu alma de niño, te olvidé.
La vida me hizo mayor
y, convertido en junco
mi dueño es el aire.
Sueña en mí.
¡Perdóname!
-cuando con cuatro años-
te sorprendieron dando tripazos
a la nena del segundo.
Seguistes la escalada
compartiendo las incipientes tetítas
de esa niña mayor,
con tu cómplice hermanito.
Y, en el juego del escondite
eras un hacha en no aparecer,
y al final del mismo, lo hacías sofocado
con la niña más linda del barrio.
Pero... los curas del internado
te cortaron las alas "chaval",
se acabaron las pifias, las correrías
ese volar de gaviota.
Y, entre libros y censuras
entre miedos, y mentiras endulzadas
con la soledad entre el tumulto,
empecé a perderte.
Que lejos queda esa mirada
que respondía y preguntaba, sin pestañear.
¿Donde quedó ese orgullo, la locura de Quijote,
el no ceder al viento?.
No sé como ni cuando, pero... te fallé
vendí tu alma de niño, te olvidé.
La vida me hizo mayor
y, convertido en junco
mi dueño es el aire.
Sueña en mí.
¡Perdóname!