Jesus Arriaza
Poeta recién llegado
Te marchas así sin más, como el sol en el ocaso,
dejándome a media muerte, con el alma aún palpitante,
con los labios a la mitad de tu nombre,
con las ilusiones tibias, y la mente sobre cama de espinas.
Te vas, mientras estoy sangrando tus caricias,
mientras mis dedos aún escriben que te quiero,
suplicando por la espada filosa de tus palabras terminantes,
acaba de matarme, fulmíname de una vez.
No ves acaso, que no me permito morir sin tu orden,
que necesito de ti, como la carne del gusano,
los dientes punzantes sobre mis palabras decoradas,
aquellas que brotan del corazón partido, que no termina de romperse.
No sigas tu camino, sin querer mancharte de mi sangre,
la piel que rozaron tus “te amo” se abrió profundo,
no me dejes agonizante, padeciendo de ti, de tu falta,
dime que no me quieres, pero no quiero tu silencio.
No seas como las olas del mar,
no desaparezcas después de chocar tu alma contra mis sueños,
después de dejar tu perfume entre mis grietas,
al menos corta de mi cuello, sofoca mis raíces.
Te marchas así sin más, como estrella cuando amanece,
dejándome a media vida, con el alma aún doliente,
con tu nombre a mitad de mi lengua,
con las promesas frías, y la mente llena de tu ausencia.
dejándome a media muerte, con el alma aún palpitante,
con los labios a la mitad de tu nombre,
con las ilusiones tibias, y la mente sobre cama de espinas.
Te vas, mientras estoy sangrando tus caricias,
mientras mis dedos aún escriben que te quiero,
suplicando por la espada filosa de tus palabras terminantes,
acaba de matarme, fulmíname de una vez.
No ves acaso, que no me permito morir sin tu orden,
que necesito de ti, como la carne del gusano,
los dientes punzantes sobre mis palabras decoradas,
aquellas que brotan del corazón partido, que no termina de romperse.
No sigas tu camino, sin querer mancharte de mi sangre,
la piel que rozaron tus “te amo” se abrió profundo,
no me dejes agonizante, padeciendo de ti, de tu falta,
dime que no me quieres, pero no quiero tu silencio.
No seas como las olas del mar,
no desaparezcas después de chocar tu alma contra mis sueños,
después de dejar tu perfume entre mis grietas,
al menos corta de mi cuello, sofoca mis raíces.
Te marchas así sin más, como estrella cuando amanece,
dejándome a media vida, con el alma aún doliente,
con tu nombre a mitad de mi lengua,
con las promesas frías, y la mente llena de tu ausencia.
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