Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te nombro cuando el día se acuesta en el regazo de la tarde,
cuando las sombras se derriten sobre los muros
y el viento, ese viejo cantor de ausencias,
me susurra tu nombre con voz de pan y ceniza.
Te nombro en el café que tiembla en mis manos,
en la brisa que lame mi nuca como un recuerdo,
te nombro con la nostalgia de un puerto sin barcos,
como se nombra al hambre en medio del banquete.
Y aunque no estás —porque no estás—,
mi voz se aferra a tu sombra,
como se aferra la lluvia al cristal antes del olvido,
como se aferra el mar a la costa aunque lo maldigan las rocas.
Te nombro, amor, no por tenerte,
sino por no perderme.
cuando las sombras se derriten sobre los muros
y el viento, ese viejo cantor de ausencias,
me susurra tu nombre con voz de pan y ceniza.
Te nombro en el café que tiembla en mis manos,
en la brisa que lame mi nuca como un recuerdo,
te nombro con la nostalgia de un puerto sin barcos,
como se nombra al hambre en medio del banquete.
Y aunque no estás —porque no estás—,
mi voz se aferra a tu sombra,
como se aferra la lluvia al cristal antes del olvido,
como se aferra el mar a la costa aunque lo maldigan las rocas.
Te nombro, amor, no por tenerte,
sino por no perderme.