elyon
Poeta recién llegado
Sobre el tocador se promulgaban vestigios de una era inocente, el pasado concurría con nuestras notas románticas que ella ligaba en besos desenfrenados cada atardecer, y luego de humedecer su cabello, caían una o dos hebras doradas sobre el peine de plata reluciente, Para aquel entonces no conocía aún el gran secreto que ocultaba el peine en su interior, indescifrables y sin importancia permanecían los extraños signos tallados sobre la plata mientras ella lo sostenía dando un destello contra la luna, se propagaban de esta manera las auroras traslucidas en un espectro de luz incomprensible para el hombre, cualquiera se atrevería a especular sobre el resplandor de una musa inigualable en su cetro; mi querida Amber solo cepillaba delicadamente sus cabellos cada noche, iluminaba el profundo valle desde la ventana de nuestra habitación, con una dulzura tan inspiradora que las plantas florecían frente a ella. Yo como un niño siempre intente retratar su figura serena, un arte de medio verano que palidecía junto con sus notas, poemas tiernos que se iban apagando cada noche, al final me sentí inútil, ella desapareció, y en el tocador solo resplandecía un último verso impregnado en manzanilla de forma muy suave: “tengo que brillar desde el horizonte”.
La luna de repente llego a su cenit antes del alba, el plenilunio libero los cantos excéntricos de los pica flores más extravagantes del valle. La luna era de todos en un destello, el cielo nos enlaza y nuestras miradas se conectan en un mismo punto.
“Selene desciende aquí para sosegar, es la templanza de tu mundo cada nuevo siglo” aquel era el grabado sobre el peine de plata; para mi resplandece eternamente, donde exista uno, siempre habrá esperanza.
Hayden (Elyon)
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