Daniel Figueroa González
Poeta recién llegado
Teoría poética
Los músculos de mi cerebro
se contorsionan con imágenes
y levantan hercúleos
tremendas columnas de aire.
Aire que son sonidos
sonidos que son palabras
palabras que se sacrifican orgullosas
al instante de la niebla.
La niebla busca las formas
de la Poesía primigenia,
fuego fatuo de unos cuerpos
que se hunden entre grietas.
¡Ah, etérea selva que te evaporas
entre las letras, palabras y versos!
¡Qué triste!¡Qué enjuta!
Mis poemas son negros bytes
entre los que se desmaya una selva esquelética,
cargada de hilos y paraguas retorcidos,
y el canto de rugidos y aullidos
que son solo el monótono martilleo
de mi ordenador.
¿Y mi poema
que lo pretendo
una calzada romana,
un puesto de guía,
una posada en el bosque,
la alquimia de las cosas?
¿Qué poeta soy
en esta selva famélica,
en donde muere
un templo construido por un manco
a base de mordiscos,
valientes pero inútiles?
Cargado de puños descargo
la frustración sobre las palmeras
que suspiran por el mar.
Todo es naufragio:
selva enjuta, templo enclenque
furia inútil, torva y destructora
que los barre hacia la ciénaga
que encerrado en mi ilusión
me engaña con la mar.
¡Pero no es este el final!
Recogeré mi frustración y mi impotencia
la doblaré con cuidado y mimo,
la guardaré en mi baúl secreto
y volveré a empezar.
Levantaré montañas
sobre las yemas de mis dedos,
y tiraré del hilo
para deshacer lo que percibo,
¡y ver y oír y sentir!
la Poesía que se me escapa,
yo inútil,
yo incapaz,
yo,
nada mas que todo un hombre.
Los músculos de mi cerebro
se contorsionan con imágenes
y levantan hercúleos
tremendas columnas de aire.
Aire que son sonidos
sonidos que son palabras
palabras que se sacrifican orgullosas
al instante de la niebla.
La niebla busca las formas
de la Poesía primigenia,
fuego fatuo de unos cuerpos
que se hunden entre grietas.
¡Ah, etérea selva que te evaporas
entre las letras, palabras y versos!
¡Qué triste!¡Qué enjuta!
Mis poemas son negros bytes
entre los que se desmaya una selva esquelética,
cargada de hilos y paraguas retorcidos,
y el canto de rugidos y aullidos
que son solo el monótono martilleo
de mi ordenador.
¿Y mi poema
que lo pretendo
una calzada romana,
un puesto de guía,
una posada en el bosque,
la alquimia de las cosas?
¿Qué poeta soy
en esta selva famélica,
en donde muere
un templo construido por un manco
a base de mordiscos,
valientes pero inútiles?
Cargado de puños descargo
la frustración sobre las palmeras
que suspiran por el mar.
Todo es naufragio:
selva enjuta, templo enclenque
furia inútil, torva y destructora
que los barre hacia la ciénaga
que encerrado en mi ilusión
me engaña con la mar.
¡Pero no es este el final!
Recogeré mi frustración y mi impotencia
la doblaré con cuidado y mimo,
la guardaré en mi baúl secreto
y volveré a empezar.
Levantaré montañas
sobre las yemas de mis dedos,
y tiraré del hilo
para deshacer lo que percibo,
¡y ver y oír y sentir!
la Poesía que se me escapa,
yo inútil,
yo incapaz,
yo,
nada mas que todo un hombre.