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Tez Pálida

Tema en 'Prosa: Generales' comenzado por Oncina, 19 de Octubre de 2017. Respuestas: 6 | Visitas: 375

  1. Oncina

    Oncina Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Son las 8:30 de la mañana. En algunos de los antiguos edificios del centro de la ciudad sigue malviviendo la figura del portero, esos hombres enjutos y pequeños, de mirada hosca y carácter huraño que saluda ncon desgana a los vecinos y miran con desprecio a los desconocidos. El portero del nº 20 de la Avenida Central sigue el paso de su propia rutina, aprendida hace años con las únicas sorpresas de un grifo roto o una caldera averiada.

    Son las 8:30 de la mañana, y es hora de recoger las bolsas de basura arrimadas en cada pasillo junto a las puertas. Cuenta con parsimonia el color de las bolsas; tres azules, dos blancas, seis negras y una amarilla, qué clásica es la gente comprando bolsas negras para echar su mierda. El olor de los desperdicios se parece siempre al olor del dueño de cada piso.
    Le sorprende que al llegar al sexto no oliese a flores frescas sino que le llegase a la nariz un aroma nauseabundo, de los que se inhalan por las fosas nasales y se fijan permanentemente en el cerebro, a gato muerto en el andén de una carretera comarcal.

    El portero, con precaución, llama y espera la vibración del timbre, espera demasiado sin obtener respuesta, no oye los pasos que supone deben acercarse hasta la mirilla y asomar para ver quién molesta a las 8:30. Huele tan mal que no puede creer que sea sólo la bolsa de basura, así que baja a por su manojo de llaves, vuelve a subir por las escaleras los seis pisos y cuando llega sin aliento encaja la llave del 6º B en la cerradura y gira.

    Dentro se desvanece la fetidez entre el aroma a fresas que siempre perfumó ese pequeño apartamento, y al llegar al salón sólo encuentra un marco roto, unos cristales hechos añicos y en el suelo rasgada la foto de una pareja en la playa: él, moreno y musculoso, la abraza y posa sonriente ante la cámara, ella muy delgada, frágil, piel blanca enrojecida y melena rubia lo mira apasionada.

    Con cierto reparo accede al dormitorio. Aunque no se escucha ni un ruido, cada vez huele más a fresas y menos hediondo. Entonces, la encuentra sobre la cama, boca arriba, desnudez pálida, con la melena rubia cayendo sobre sus pechos, la boca roja, las venas azules marcándose en su delicada cara, mucho más frágil que en la fotografía, mucho más bella. Ahora huele a lavanda y se pierde el aroma a fresas, el portero no ha olido nunca aroma tan limpio, tan sencillo y agradable.

    Toca su frente,y no está fría como debería estar la de alguien muerto, es un tacto tibio. Toca su pecho buscando un latido que no halla con sus dedos; inclina la cabeza sobre su corazón buscando el sonido y tampoco. Se aleja y vuelve a observar repitiendo la imagen primera, la juventud y belleza postrada en la cama. Recuerda las viejas leyendas, las historias de muertos que se levantan. Vuelve a acercarse y toca la rojez de sus labios, palpa con los dedos su inmóvil boca. Las vampiresas siempre son bellas, son pálidas y parecen muertas, para comprobarlo levanta el labio superior buscando el colmillo afilado que confirme sus sospechas, pero no lo encuentra y aun así retrocede ante el miedo a lo desconocido.

    Ella sigue inerte, y por mucho que la mire sigue oliendo a lavanda y no se mueve. Llama a urgencias y a la policía, tiene ganas de acabar con esta historia. Le cuesta abandonar el dormitorio y desviar la mirada de la chica, semimuerta o semiviva.

    Entonces, lentamente camina hacia atrás sin dejar de mirarla, no cierra puertas, la compadece y la teme aunque ni siquiera le hubiera hablado cuando la sangre fluía por sus venas. Los olores vuelven a entremezclarse, y él se encuentra cada vez está más cerca de la puerta, esta vez no va a resistir rebuscar en la bolsa de basura. Rasga el plástico con las mismas llaves con las que abrió la puerta, invade el mundo el olor a muerte. El corazón mohoso de la joven descansa sobre el suelo. Es un misterio como pudo llegar hasta allí sin ninguna herida superficial, sin una gota de sangre derramada, sin una mancha en la moqueta. Es un corazón sin sangre, no es rojo, es verde y morado, está podrido, apesta a heces de bacterias, a gusanos que desfilan ordenados, entran por la aorta y abandonan las cavidades a través de la vena cava, y después reptan por encima de los tejidos putrefactos e inician de nuevo su militar marcha. Son tantas las preguntas… ¿Cuánto lleva muerto ese corazón? ¿Cuándo abandonó su cuerpo? ¿Cómo llegó a la basura? ¿Cómo, cuándo, cuánto…dolor y sufrimiento?
     
    #1
    Última modificación: 17 de Noviembre de 2019
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  2. Eratalia

    Eratalia Con rimas y a lo loco

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    Uf, pues es el primer relato que te leo y ya has ganado una adepta. Si al final se me pusieron en pie los pelillos de la nuca. (Sería para aplaudir, digo yo).
    Genial, me encantó, dentro el encanto del horror.
    Abrazos.
     
    #2
    Última modificación: 19 de Octubre de 2017
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  3. Oncina

    Oncina Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Cuando escribí esto había leído muchos relatos de García Márquez y pensé dejarme influir (evidentemente sólo pude usar alguno de sus temas predilectos). No suelo escribir sobre muertos, así que lo próximo será más agradable.
    Por lo que dices cuento contigo como lectora, me alegro, seré comedido jeje.

    Un abrazo.
     
    #3
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  4. MARIANNE

    MARIANNE MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA

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    es difícil encontrar palabras pulcras para tan bello escrito, inspirador, consensuado, claramente emocional hay mucha elegancia en cada momento, aunque el cierre no era el que esperaba, grato leerle
     
    #4
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  5. Oncina

    Oncina Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Gracias por los halagos a mis letras, me dejas la duda de querer saber cómo esperabas que acabase.

    Saludos y salud!
     
    #5
  6. libelula

    libelula Poeta veterano en el portal

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    Me parece un magnífico relato,excelentemente escrito. Sergio. No te conocía esta habilidad, felicidades.
    Un abrazo.
     
    #6
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  7. Oncina

    Oncina Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Gracias, Isabel.
    Las prosas se me despistan.

    Un abrazo.
     
    #7

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