esthergranados
Poeta adicto al portal
Eran tiempos difíciles cuando yo era pequeño. Tiempos de incertidumbres, de tristeza. Tiempos de escasez. Como ahora. Eso de no saber si alcanzará el dinero... Que difícil estar de buen humor cuando se lucha tanto por tan poco. Que injusto que te roben la alegría. Y los niños. Qué pena de los niños...Al menos todavía para comer alcanza. Eso sí, a duras penas, y solo lo de primera necesidad. Nada de caprichos, pan, leche la justita, arroz, legumbres, pasta...todo de lo barato. Y el banco de alimentos que suple cuando no hay de donde tirar. Nada de chocolate, ni galletas, ni pastas...desayuno con pan, y vamos que "chutamos". La carne y el pescado no entran en casa. Como mucho algún pollo de "allá pa cuando". Pero no es solo eso, ni una "chuche" se compran, pobres míos. Ni un juguete barato. Y los libros del cole...siempre son de los últimos en llevarlos, después de preguntarle a todo el mundo si tienen alguno usado que les pueda servir. Y el material, pidiéndolo prestado a los amigos, así nos apañamos. Menos mal que la familia responde muchas veces, que a los pobres abuelos los tenemos fritos, pero con su pensión no siempre pueden echarnos una mano. Y como crecen estos niños, y eso que nunca comen lo necesario. Y que caro vestirlos, ni para el mercadillo nos alcanza el dinero. Así pasa, la ropa siempre usada, eso si, practicamente nueva, que hay gente que tiene mucho para gastar y hay que ver la de ropa que compran, y luego la regalan a los pobres cuando pasa de moda o se les queda chica. El cine ni lo pisan, que penita cuando alguna película les gusta y les digo que no podemos ir, aunque ellos, pobrecitos, bien lo saben. Bueno, y a un burguer, en la vida han pasado...Miento, una vez los invitaron al "cumple" de un amigo con "pasta". Cuanta ilusión les hizo...Venían tan contentos con el muñequito que les dan con la merienda. Y que decir del frío, que largos y que duros los inviernos. Y sin calefacción; heladitos estamos, nos forramos de ropa y nos echamos mantas por encima para soportarlo. ¡Ay Dios, lo peor es que ya está aquí la Navidad! Y no hay para juguetes. La comida da igual, Cáritas, la familia o la Cruz Roja, seguro que nos dan. Pero como les digo que los Reyes van a pasar de largo por la casa, como van a entender que ellos no tengan nada. Cuando yo era pequeño era muy pobre, casi tanto como ahora, y una Navidad nos invitaron, en calidad de pobres, por supuesto, a una fiesta que celebraba una sociedad de no me acuerdo qué, donde como colofón nos reunieron a unas cuantas familias "necesitadas" para darnos un paquete de alimentos a cambio de nuestro eterno agradecimiento y de paso de acallar sus conciencias acomodadas. Fueron los Reyes Magos a entregar los regalos a los niños de los organizadores del evento con el alborozo de ellos y de sus familiares, y con las consabidas fotos para perpetuar el emotivo momento. Yo, en medio de esa locura colectiva, me puse a llorar a gritos. Lo cierto es que no tenía consuelo, creo que les amargué un poco la noche, preguntando entre sollozos por qué los Reyes no venían a casa, si es que habían olvidado la dirección, o no la sabían, a pesar de que ellos todo lo saben; por qué, si yo era bueno no tenía regalos. Mis padres, con un nudo en la garganta, intentaban consolarme, y en medio de un silencio incomodo, uno de los asistentes a la fiesta, fue a su coche y me trajo un precioso balón de futbol nuevecito, sin estrenar; era para su sobrino y me lo dio con lagrimas en los ojos. Ese ha sido mi único regalo de Navidad. Yo no quiero que mis hijos se sientan olvidados por los Reyes; no quiero que piensen que no merecen lo mismo que otros niños, o que son malos...Pienso hacer todo lo que esté en mi mano para que tengan una noche de ilusión como el resto de los pequeños, aunque para eso tenga que mendigar o robar. Lo juro.