Tierras virginales-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Como esas exigencias renuentes

y esas tristezas que acompañan, y

esas manos que inclinan su baraja industrial,

en los extensos depósitos de salinidad

voluble. O como esas largas letanías

de cuerpo entero, que fabrican

lápidas para el cuero del anochecer.

Como vestíbulos ampliamente desplazados,

como sagaces minerales que cubren los pechos lúgubres,

y los silbidos metálicos de los talleres.

Como largas cabelleras escindidas y en la luz,

hebras meticulosas cayendo, lentamente, hasta

aparecer lejos, como una multitud de rostros

que asesinan a otros.

O esos cuerpos que invaden la sonoridad

de los astros, las esferas dibujadas en los goznes

de las estaciones vacías, o los perímetros que se ciñen

como una cintura de estambres secos o de almendras

podridas.

Cayendo. Como ojos nunca vistos por profesores,

como matemáticas filamentos que obstruyen los desagües,

y las plantaciones de grava que emanan de un costurero

virginal.

Como piras de cera lamiendo exvotos,

o dedos en las pistas de aterrizaje, cumpliendo su secreto designio,

como escombreras dinamitadas en viejos ataúdes y ladrillos,

al fin de todo.

Como esas galerías sin eco o esas turbias miradas contradictorias:

como esos largos tubos roídos, o esas trenzas golpeadas por nubes sucesivas.

Y sólo las nubes saben hacerlo, desestimar un incendio,

adquirir preciosidades, animales, vegetales, adormecidos inventos,

columpios deteriorados que administra un salvaje anodino, la placenta

delicada de un soñador impetuoso, la lascivia desatendida por golfos

y prostitutas.

Como dilatados paisajes de lirios y sombras amenazadas,

en mitad de los silos:

como golpes, siempre, circulando por las avenidas.

©
 
Como esas exigencias renuentes

y esas tristezas que acompañan, y

esas manos que inclinan su baraja industrial,

en los extensos depósitos de salinidad

voluble. O como esas largas letanías

de cuerpo entero, que fabrican

lápidas para el cuero del anochecer.

Como vestíbulos ampliamente desplazados,

como sagaces minerales que cubren los pechos lúgubres,

y los silbidos metálicos de los talleres.

Como largas cabelleras escindidas y en la luz,

hebras meticulosas cayendo, lentamente, hasta

aparecer lejos, como una multitud de rostros

que asesinan a otros.

O esos cuerpos que invaden la sonoridad

de los astros, las esferas dibujadas en los goznes

de las estaciones vacías, o los perímetros que se ciñen

como una cintura de estambres secos o de almendras

podridas.

Cayendo. Como ojos nunca vistos por profesores,

como matemáticas filamentos que obstruyen los desagües,

y las plantaciones de grava que emanan de un costurero

virginal.

Como piras de cera lamiendo exvotos,

o dedos en las pistas de aterrizaje, cumpliendo su secreto designio,

como escombreras dinamitadas en viejos ataúdes y ladrillos,

al fin de todo.

Como esas galerías sin eco o esas turbias miradas contradictorias:

como esos largos tubos roídos, o esas trenzas golpeadas por nubes sucesivas.

Y sólo las nubes saben hacerlo, desestimar un incendio,

adquirir preciosidades, animales, vegetales, adormecidos inventos,

columpios deteriorados que administra un salvaje anodino, la placenta

delicada de un soñador impetuoso, la lascivia desatendida por golfos

y prostitutas.

Como dilatados paisajes de lirios y sombras amenazadas,

en mitad de los silos:

como golpes, siempre, circulando por las avenidas.

©
Me llegan imágenes que me acongonjan, como pasando por un mundo perdido, un mundo malgastado, un mundo hundido en su propia agonía, cuando digo mundo, me refiero a los humanos, a su pobreza espiritual, eso es lo que me llega, me encantó porque me revolvió mi interior, como si el poema me hablara con pena y siempre los poemas tristes son los mejores para hacerte reaccionar ante ellos, un saludo Ben
 
Me llegan imágenes que me acongonjan, como pasando por un mundo perdido, un mundo malgastado, un mundo hundido en su propia agonía, cuando digo mundo, me refiero a los humanos, a su pobreza espiritual, eso es lo que me llega, me encantó porque me revolvió mi interior, como si el poema me hablara con pena y siempre los poemas tristes son los mejores para hacerte reaccionar ante ellos, un saludo Ben


Muchas gracias Mayca, sí, posiblemente sea así, la tristeza es un revulsivo eficiente, cuando menos. Un saludo cordial!
 

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