vronte
Poeta infiel al portal
Tijeras Oxidadas.
Alguna vez de niño me sentí intensamente atraído
hacia el óxido responsable de su pérdida de filo.
Atraído hacia su nueva áspera textura
que al ser deslizada por mi piel,
esta vez no la cortaba ni la dañaba.
Las porosidades adquiridas
ahora eran minúsculas fistulas
masajeando ergonómicamente
cada fibra de esta cuenca física
cotidianamente tensa y defensiva
ante cualquier presencia ajena a mí.
El masaje poroso
de esta improvisada herramienta de raspaje dérmico
contribuía deliciosamente
al cuasi imposible estado
de bajar la guardia ante mi entorno
y sus posibles habitantes
capaces de posar sus ojos nublados por los juicios
justo en mi fingida hermética piel.
Todo eso ya no importa,
porque no solo es un artilugio de placer e indiferencia existencial,
también es un arma,
que si bien filosa ya no es,
aún no está desprovista de punzantes extremos
capaces de adentrarse en las entrañas de la piel
cuya densidad es la misma que abnegadamente deleita mis fibras.
Entre mis dedos estás
cuando mis ojos impregnados de reverencia
frente al metal letal
descubre que las zonas peligrosas en manos impolutas
son un objeto de reconciliación
con el mundo que me envuelve;
la gente que me resiente.
Alguna vez de niño me sentí intensamente atraído
hacia el óxido responsable de su pérdida de filo.
Atraído hacia su nueva áspera textura
que al ser deslizada por mi piel,
esta vez no la cortaba ni la dañaba.
Las porosidades adquiridas
ahora eran minúsculas fistulas
masajeando ergonómicamente
cada fibra de esta cuenca física
cotidianamente tensa y defensiva
ante cualquier presencia ajena a mí.
El masaje poroso
de esta improvisada herramienta de raspaje dérmico
contribuía deliciosamente
al cuasi imposible estado
de bajar la guardia ante mi entorno
y sus posibles habitantes
capaces de posar sus ojos nublados por los juicios
justo en mi fingida hermética piel.
Todo eso ya no importa,
porque no solo es un artilugio de placer e indiferencia existencial,
también es un arma,
que si bien filosa ya no es,
aún no está desprovista de punzantes extremos
capaces de adentrarse en las entrañas de la piel
cuya densidad es la misma que abnegadamente deleita mis fibras.
¡Elegancia peligrosa no amilanada por su actual falta de brillo!
¡Delgadez escuálida cubierta a borbotones color cobre!
¡Frialdad implacable amiga de nadie; útil a todos!
Exuberante en curvas, prosaica en guiños y formidable en impacto.
¡Delgadez escuálida cubierta a borbotones color cobre!
¡Frialdad implacable amiga de nadie; útil a todos!
Exuberante en curvas, prosaica en guiños y formidable en impacto.
Entre mis dedos estás
cuando mis ojos impregnados de reverencia
frente al metal letal
descubre que las zonas peligrosas en manos impolutas
son un objeto de reconciliación
con el mundo que me envuelve;
la gente que me resiente.