ivoralgor
Poeta fiel al portal
Recuerdo que cerré los ojos para olvidarlo. El sol era tan frío que me hacía tiritar y erizarme completita. El eco de su voz rebotaba en mi pecho y las esperanzas de amarlo se disipaban como agua ligera. Jamás creí que las cosas terminaría de esta forma, tan impredecible como la vida misma. Los argumentos que la soledad aún tiene no valen de nada. Supe amarlo hasta en sueños, jugando a los supervivientes del fin del mundo. No lo puedo entender Jacinto me repito una y otra vez sin respuesta alguna. Su dislocada fantasía me llevaba por mundos que jamás creí conocer, cogida de su mano, atada a su piel tan ardiente, cobijada en su mirada miel.
- Déjate llevar, sólo necesitas cerrar los ojos y calmar tu respiración insistía a menudo.
- Junto a ti sé que puedo lograrlo sumisa le respondía y agarraba valor para dejarme llevar.
Pasamos juntos cerca de seis años, sin contar el primero que nos sirvió para enamorarnos perdidamente. Quería ser escritor y jamás lo logró. Llevaba consigo un sinfín de contradicciones que no le permitían expresarse libremente, siempre reprimía ese lado oscuro que me decía que guardaba muy en sus adentros. Alguna vez me contó que quiso ser músico y sus miedos lo hicieron retractarse. Tenía muchos sueños, demasiados diría yo, pero sólo uno pudo concretar.
Una mañana llegó a mi casa con un cuaderno lleno de apuntes y me lo entregó con sus manos temblorosas. Se llama Timonel de Melancolía me dijo de súbito. Insistió en que no lo leyera enseguida, que debía esperar un par de días. En ese momento no entendí ese instrucción, pero ahora está muy claro.
- Déjate llevar por los pasajes de la historia, aún no está pulida y tiene tela de donde cortar para hacerla más creíble me dijo cabizbajo.
- Sé que es interesante la historia porque te conozco le dije llevándome el cuaderno al pecho.
El cuaderno olía a tinta de bolígrafo. Aspiré profundamente para retener ese aroma y de súbito me dio un beso en la frente y se marchó en silencio. Fue la última vez que lo vi. Esperé intranquila el par de días para leer Timonel de Melancolía. Desde el primer párrafo me enganchó la historia. Romualda era la protagonista de una historia de amor que terminaba en tragedia, pero no era la clásica historia acaramelada, ni trágica, tenía algo perturbadora la historia. Jugaba con la psicología del lector, influenciado por la vida de Romualda. Poco a poco se desvelaron esos monstruos que Jacinto llevaba por dentro; era su forma de desnudarse. Acabé llorando a mares, la respiración me faltaba en algunos pasajes, ya no tuve fuerzas para leer el final.
A los seis días me llamó por teléfono su hermanita Sonia para informarme que habían encontrado su cuerpo flotando en el mar, en las playas del puerto Boca Muda. Lo reconocieron por una identificación que tenía en la bolsa derecha del vaquero que llevaba puesto. En ese momento supe como finalizaría "Timonel de Melancolía". No lo pude soportar, me desmallé. Al despertar, mi madre estaba junto a mí en el sofá de la sala de mi casa. El funeral me deprimió aún más y me duele sobremanera cada vez que lo recuerdo.
Perdí la noción del tiempo, ya no importaba nada y sigue sin importar. Las playas de Boca Muda están hermosas y empiezo a leer la última parte de Timonel de Melancolía. Me dejaré llevar de nuevo.
[video=youtube;ShPq2Dmy6X8]http://www.youtube.com/watch?v=ShPq2Dmy6X8[/video]
- Déjate llevar, sólo necesitas cerrar los ojos y calmar tu respiración insistía a menudo.
- Junto a ti sé que puedo lograrlo sumisa le respondía y agarraba valor para dejarme llevar.
Pasamos juntos cerca de seis años, sin contar el primero que nos sirvió para enamorarnos perdidamente. Quería ser escritor y jamás lo logró. Llevaba consigo un sinfín de contradicciones que no le permitían expresarse libremente, siempre reprimía ese lado oscuro que me decía que guardaba muy en sus adentros. Alguna vez me contó que quiso ser músico y sus miedos lo hicieron retractarse. Tenía muchos sueños, demasiados diría yo, pero sólo uno pudo concretar.
Una mañana llegó a mi casa con un cuaderno lleno de apuntes y me lo entregó con sus manos temblorosas. Se llama Timonel de Melancolía me dijo de súbito. Insistió en que no lo leyera enseguida, que debía esperar un par de días. En ese momento no entendí ese instrucción, pero ahora está muy claro.
- Déjate llevar por los pasajes de la historia, aún no está pulida y tiene tela de donde cortar para hacerla más creíble me dijo cabizbajo.
- Sé que es interesante la historia porque te conozco le dije llevándome el cuaderno al pecho.
El cuaderno olía a tinta de bolígrafo. Aspiré profundamente para retener ese aroma y de súbito me dio un beso en la frente y se marchó en silencio. Fue la última vez que lo vi. Esperé intranquila el par de días para leer Timonel de Melancolía. Desde el primer párrafo me enganchó la historia. Romualda era la protagonista de una historia de amor que terminaba en tragedia, pero no era la clásica historia acaramelada, ni trágica, tenía algo perturbadora la historia. Jugaba con la psicología del lector, influenciado por la vida de Romualda. Poco a poco se desvelaron esos monstruos que Jacinto llevaba por dentro; era su forma de desnudarse. Acabé llorando a mares, la respiración me faltaba en algunos pasajes, ya no tuve fuerzas para leer el final.
A los seis días me llamó por teléfono su hermanita Sonia para informarme que habían encontrado su cuerpo flotando en el mar, en las playas del puerto Boca Muda. Lo reconocieron por una identificación que tenía en la bolsa derecha del vaquero que llevaba puesto. En ese momento supe como finalizaría "Timonel de Melancolía". No lo pude soportar, me desmallé. Al despertar, mi madre estaba junto a mí en el sofá de la sala de mi casa. El funeral me deprimió aún más y me duele sobremanera cada vez que lo recuerdo.
Perdí la noción del tiempo, ya no importaba nada y sigue sin importar. Las playas de Boca Muda están hermosas y empiezo a leer la última parte de Timonel de Melancolía. Me dejaré llevar de nuevo.
[video=youtube;ShPq2Dmy6X8]http://www.youtube.com/watch?v=ShPq2Dmy6X8[/video]