Nat Guttlein
さん
La noche se adormece sobre mi regazo,
las pupilas titilantes surcando el cielo,
vuelven a ser mi poesía favorita.
Me aproximo a paso seguro,
en los brazos de Morfeo,
dispuesta a encontrarte en algún paraíso.
Las manos de alguna Beatriz me conducen,
me llaman y reclaman.
La piel me hormiguea por lo bajo
y a mi alrededor los infiernos se arremolinan.
Sigo mirando hacia arriba,
el cielo parece igual.
Me aproximo hacía un Edén vacío,
hueco y sin vida que luce helado,
que me seca las lágrimas y me mancha las manos.
El negro es el color que no es color,
el que visten las viudas,
y que cae como manto en los cuervos sobre tu espalda.
Admiro los diseños de tus tatuajes como el arte más hermoso.
Los dolores de tu amor destruyen las paredes,
la mano de mi Beatriz se aleja,
y mientras tu banda favorita grita en la radio,
las letras de todos mis poemas caen como lo hace la lluvia.
Miro hacia arriba y ellas no están.
Te llevaste las estrellas,
te llevaste la luna
y ni siquiera dijiste adiós.
las pupilas titilantes surcando el cielo,
vuelven a ser mi poesía favorita.
Me aproximo a paso seguro,
en los brazos de Morfeo,
dispuesta a encontrarte en algún paraíso.
Las manos de alguna Beatriz me conducen,
me llaman y reclaman.
La piel me hormiguea por lo bajo
y a mi alrededor los infiernos se arremolinan.
Sigo mirando hacia arriba,
el cielo parece igual.
Me aproximo hacía un Edén vacío,
hueco y sin vida que luce helado,
que me seca las lágrimas y me mancha las manos.
El negro es el color que no es color,
el que visten las viudas,
y que cae como manto en los cuervos sobre tu espalda.
Admiro los diseños de tus tatuajes como el arte más hermoso.
Los dolores de tu amor destruyen las paredes,
la mano de mi Beatriz se aleja,
y mientras tu banda favorita grita en la radio,
las letras de todos mis poemas caen como lo hace la lluvia.
Miro hacia arriba y ellas no están.
Te llevaste las estrellas,
te llevaste la luna
y ni siquiera dijiste adiós.